Día del Niño: sugerencias para armar la biblioteca infantil
- Siempre es un buen momento para regalar un libro y el Día del Niño puede ser una excusa para pasar por la librería.
- Por eso, minutouno.com consultó a los grandes que saben sobre chicos para que ayuden a los padres a elegir los textos y a despertar el interés por la lectura.
Para algunos adultos, la sección infantil de las librerías puede parecer un laberinto y los textos expuestos pueden lucir muy similares unos a otros, porque comprar libros para chicos y empezar a armar una biblioteca infantil abre un abanico de preguntas que empiezan con qué, cómo y cuándo.
El punto de partida de la biblioteca, según Daniel Carbajal, coordinador de programas de animación cultural de la Asociación Civil La Nube, debería ser oral: “El ser humano es un gran narrador mucho antes que un gran lector y todos tenemos algo que contar, por eso, para empezar, antes de encarar el armado de una biblioteca infantil, hay que contarles cosas a los chicos –cuentos y anécdotas familiares-, tener en cuenta los pedidos que ellos hacen y estar atento a las temáticas que les impactan para elegir libros que vayan en ese sentido”, dice Carbajal.
Por su parte, Laura Leibiker, jefa del área de literatura infantil y juvenil de Ediciones SM, asegura que la primera biblioteca se puede empezar a armar con los libros para bebés que se pueden morder o llevar a la bañadera, pero que si el chico ya cumplió los once años y no tiene libros en casa, nunca es tarde para empezar.
El qué
“Hay que elegir textos que estimulen la imaginación y que dejen espacio para la construcción propia, que digan mucho pero no todo, que dejen algo para la fantasía del lector”, plantea Leibiker y señala que también es fundamental que sean textos cuidados, sin errores de ortografía, gramaticales o de tipeo porque la fijación de la escritura en los primeros años es muy importante.
Leibiker también advierte que deben ser coloridos y que la letra debe ser adecuada -o imprenta mayúscula o una minúscula amable-, la cantidad de texto debe ser abordable y las ilustraciones no deben ser estereotipadas: “Hay que observar que la mamá no aparezca con el plumero y el papá con traje y maletín, las nenas de rosa y los nenes de celeste –explica- y además hay que tener en cuenta que la ilustración también cuenta una historia y presenta un modelo, por eso es importante que abra, que inquiete, que cuente su propio relato, que agregue contenido”, afirma y, a modo de ejemplo, explica que si en el texto habla de una vaca que está en el campo, hay diferentes maneras de ilustrarlo, “porque puede estar espantando moscas, comiendo, dándole de mamar a su ternerito o haciendo caca”.
Para Leibiker, hay que saber elegir variedad:”Un poco de poesía, un poco de cuento, libros sin texto, algún libro álbum –aquellos en los cuales el texto y la ilustración están muy imbrincados y no son nada uno sin el otro-, algo de ciencia, algo de arte, algo de historieta, y también algún libro de actividades, porque un libro que te invita a hacer es más difícil de dejar pasar”.
“Leer es como comer y es bueno que uno se acostumbre a los distintos sabores, por eso es bueno que haya novelas cortas, largas, diarios, historietas, libros de terror y una gran variedad de géneros para que cada chico pueda encontrar cuál es la mejor literatura para él”, propone Carbajal.
El cómo
Leibiker sugiere sentarse en una librería infantil a leer los cuentos: “Si el padre se engancha, es muy probable que el chico también lo haga”.
Daniel Carbajal advierte que “lector se hace, no se nace” y que para animar a leer hay que tratar de no tener una mirada sexista sobre la literatura que se le ofrece a los chicos, por ejemplo pensando que los libros de aventuras son para varones.
El especialista sugiere ir a comprar con los chicos, tener paciencia para explorar los libros, y tomarse el tiempo de hojearlos: “A diferencia del jabón en polvo, cuando comprás un libro lo podés probar antes de salir –dice Carbajal-. Hay que leer la contratapa, buscar las pistas que te da el libro, las ilustraciones y hay que tratar de no comprar las colecciones completas de 50 básicos, porque después no se indagan y como las tapas son todas iguales, los chicos no saben lo que tienen”.
Los autores
Según Leibiker, hay que tener en cuenta algunos de los autores más reconocidos, pero también es importante animarse a conocer otros “porque la literatura para niños en la Argentina es de muy buena calidad y hay textos que no son muy caros”.
Entre los autores más conocidos y que son opciones “seguras” para ir armando la biblioteca infantil, se encuentran: Graciela Montes, Graciela Beatriz Cabal, Silvia Schujer, Laura Devetach, Gustavo Roldán, Elsa Bornemann, Adela Basch, Ricardo Mariño, Ema Wolf, Ana María Machado, Javier Villafañe, Luis María Pescetti y otros que pueden sugerir desde la escuela, en una feria de libros o en la librería especializada.
Sin duda, las opciones son muchas y los estantes de la biblioteca infantil se pueden ir llenando en la medida en que los chicos van haciendo camino y experiencia como lectores.
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