¡Educación para todos!: si querés ser boquetero andá a la escuelita
- Un nuevo golpe perpetrado por una banda de boqueteros hace días en el barrio de San Cristóbal –esta vez a las oficinas de una empresa dedicada a la venta de repuestos para camiones- volvió a poner en la palestra uno de los delitos más complejos y a la vez más frecuentes de los últimos tiempos.
- La pregunta es: ¿Quién y cómo puso en boga la especialidad de “boquetear”, que tanto auge tiene actualmente en todo el Cono Sur…? La respuesta tiene su historia.
La banda de boqueteros que robó hace días las oficinas de una empresa dedicada a la venta de repuestos para camiones en el barrio de San Cristóbal volvió a poner en la palestra uno de los delitos más complejos y a la vez más frecuentes de los últimos tiempos.
Alguien podría recurrir al refranero popular diciendo… “boquetero no se nace… se hace” y tendría razón. Salvo los delitos eufemísticamente denominados “de guante blanco” (estafas, por caso, y aquellos en los que el engaño sustituye a la violencia física), el resto de las acciones criminales se diferencia de los atracos efectuados por boqueteros pues no precisan de “manuales de instrucción”, como sí se acostumbra utilizar en el difícil arte de romper paredes para ingresar a un territorio en el cual se sabe que hay valores para robar.
La pregunta es: ¿Quién y cómo puso en boga la especialidad de “boquetear”, que tanto auge tiene actualmente en todo el Cono Sur…? La respuesta tiene su historia.
Obvio que se pagaba por ese aprendizaje, no era gratuito. Quien pueda suponer que estas escuelas de boqueteros pertenecen al terreno de la fantasía, podrá recordar que décadas atrás la policía de la Provincia de Buenos Aires allanó una escuela de carteristas situada en la zona norte del conurbano bonaerense, que contaba para la instrucción y práctica con unos maniquíes de modelaje perfectamente vestidos como cualquier ciudadano común, con los cuales se practicaba la técnica de “meter la mano en el bolsillo ajeno”. Es decir, las escuelas de criminalidad no son invento ni patrimonio de los brasileños solamente.
Brasil, Uruguay, Argentina y Chile -en menor medida- son los países en los que con más frecuencia se registran delitos implementados por boqueteros. Muchas veces son bandas itinerantes las que actúan y aunque INTERPOL tiene identificados a los más expertos boqueteros del Cono Sur, éstos saben también interponer coartadas para no ser acusados sin pruebas firmes.
Si los brasileños fueron pioneros en este tipo de delito, la estadística es contundente. El mayor robo en esta modalidad en la historia mundial se produjo en agosto de 2005 en la ciudad de Fortaleza, al noreste de ese país. Un fin de semana le alcanzó a una banda aún no identificada para saquear del Banco Central de Fortaleza la friolera de 65 millones de dólares (150 millones de reales). Tres toneladas pesaba el dinero saqueado y ni las cámaras de seguridad ni los sensores electrónicos sirvieron para detener a los ladrones. Desde una jardinería ubicada en las inmediaciones del banco, los boqueteros montaron su cuartel general y tras varios meses de labor se llevaron su preciado botín. El Superintendente de la Policía Federal de Fortaleza, Joao Paiva, reconoció que “fue un golpe como el que uno ve en el cine, simplemente espectacular”.
El próximo fin de semana largo se cumplen 15 años del primer gran golpe boquetero en la Argentina. El 13 de octubre de 1992 se descubrió que 300 cajas de seguridad del entonces Banco de Crédito Argentino del barrio porteño de Recoleta habían sido saqueadas por expertos. Un ex agente de la SIDE estuvo detenido poco tiempo por este delito. Las autoridades policiales y la justicia tenían la convicción de que había participado en el operativo… pero le faltaron pruebas para dejarlo preso. El hombre recuperó su libertad y se supone que goza de la fortuna robada sin ostentaciones y sin dejar huellas digitales para los investigadores que aún esperan hallarlo in fraganti.
En enero del 2006 aquel robo de los `90 fue superado cuando 145 cajas de seguridad del Banco Río sucursal Acassuso fueron saqueadas en otro golpe cinematográfico cuyo final aún resulta incierto, aunque otra vez uruguayos y argentinos formaron parte de la rueda de sospechosos de haber liderado esa audaz organización.
¿Por qué siguen ocurriendo robos boqueteros como el de días atrás, si las empresas deberían estar prevenidas contra esta modalidad delictiva…?
La respuesta es que no se toman medidas de seguridad para evitarlas.
Quien fuera el hombre fuerte en las empresas de Alfredo Yabrán, Hector Colella, el actual dueño de la transportadora de Correos OCASA, ingresó hace poco en el mercado internacional de transporte de valores. Y almacenar y transportar anualmente cerca de 10 mil millones de dólares no es un negocio que los norteamericanos le vayan a entregar a cualquiera, lo que hace suponer que Colella es una voz autorizada para escuchar cuando se habla de seguridad. Esto dijo en su momento: “En los Estados Unidos se manejan con estadísticas, si en 30 años nunca hubo boqueteros, no es necesario prevenirse de ellos”.
Pero el titular de OCASA no se quedó solo con la expresión estadística y tomó sus recaudos: blindajes en paredes y pisos, sensores que detectan taladros hasta una distancia de 200 metros, alarmas antisísmicas para advertir que hay movimientos de suelo inusuales y toda la tecnología de punta en materia de seguridad hacen a la tranquilidad suya y de sus clientes.
Quizás la respuesta a la pregunta a los golpes boqueteros en la Argentina se deba a un talón de Aquiles en la política de gastos de muchas empresas: no invertir suficiente en seguridad se paga caro. Igual o más de lo que se paga en el mercado delictivo por la buena información sobre empresas o bancos débiles en el cuidado de sus bienes. Es que todo tiene precio, y los boqueteros saben sacar provecho de la buena información.
Las Más Leídas






Dejá tu comentario