El camino del desarraigo, sembrado de espinas
*A muchos jóvenes se les presenta la oportunidad de sus vidas en un lugar que les es ajeno y tienen que optar entre sus lazos sociales y su crecimiento laboral.
*minutouno.com consultó a especialistas y a quienes hicieron la experiencia que explican cómo es transitar ese camino.
Irse del país implica una decisión difícil, un momento en el que muchos jóvenes empiezan a jugar sus cartas de cara al futuro. Esto, pese a las promesas de vida confortable implica un quiebre, un conflicto interno que hay que superar.
Trabajo bien remunerado o amor, familia y amigos es el dilema a resolver y lo que en la mayoría de los casos provoca esa angustiosa sensación de vacío.
“En España no tengo límites para crecer y yo aspiro a mucho. Si bien en Argentina tengo un futuro asegurado también tengo techos y las cosas además no me van a resultar tan fáciles como acá. Pero se extraña mucho. Tengo muchos amigos allá, familia y pareja. Y llega un punto que no se soporta tanta soledad y tanto trabajo”, confesó este estudiante de Ingeniería en Sistemas desde España en dialogo con minutouno.com
Para Patricio García (27), también estudiante de Sistemas, las cosas no son más fáciles. En Argentina tiene a su pareja con la cual pretende casarse pero en España tiene la oferta de trabajo más tentadora que se le haya presentado hasta el momento: trabajar en una de las empresas más importantes del rubro.
“Yo me vine a España por la empresa a ver que pasa. A tantear. Hace rato que estoy acá y la verdad es que estoy muy bien por eso quiero venirme definitivamente con mi novia. Aunque todavía no tomé la decisión. Se me hace muy difícil porque implica no tener a mi familia y a mis amigos cerca. Es complicado”, contó Garcia.
A probar suerte sin remordimiento
Sin embargo están quienes no toman esta decisión tan a la tremenda y ven todo positivo.
El caso de Roberto Blanco (40) es un ejemplo. Vivió medio año en México y asegura que la decisión si bien le costó no le generó problemas existenciales. "Yo fui a probar suerte en una empresa que era la competencia de la que yo que trabajaba en Argentina. Iba con un cargo gerencial encima y allá era conocido. Tenía fe en que todo me iba a ir bien por eso no dude y me fui. Dejé a mi familia acá pero ellos entendieron. Tampoco les costó mucho”, afirmó Blanco que hoy vive en Argentina porque la empresa dedicada a la fabricación de tuberías sanitarias mexicana cerró por la crisis de 2001.
Bryan Marandoni (26) hace 6 años que vive en España y asegura haber tomado la decisión correcta y no arrepentirse de nada. “A mi no me costó irme del país. Tenía muchos conflictos familiares y no estaba satisfecho con mi vida. Además acá gano lo que en Argentina nunca hubiera podido, vivo muy bien y trabajo de algo que me gusta”, expresó Marandoni, que en la actualidad trabaja en una empresa de seguros tras haber pasado por un barco pesquero y una fábrica de autos.
Acompañar y contener
El psicólogo Federico Romano -que coordinó varios talleres dedicados a esta temática con jóvenes provenientes de otros países-, explicó que lo más importante es la contención, porque las personas suelen en un primer momento estallar de euforia por la novedad pero que el paso seguido a eso es la depresión. Por eso el especialista desarrolló grupos en ese sentido.
“Eran grupos de no más de 5 personas a los que se trataba de acompañar en el proceso del desarraigo. Se atendía la situación particular de cada uno, lo que le generaba el estar lejos de su casa. También se veían las características del lugar -nuevas para ellos- como el colectivo o la comida. Era un taller de orientación y acompañamiento donde se pretendía que superen el duelo comenzado cuando decidieron irse de su país”, explicó Romano.
La realidad es que muchos son los jóvenes que embelesados con promesas de vida más confortables se encuentran en esa encrucijada de tener que optar por quedarse o irse de su país de origen y alejarse de sus raíces. Eso les genera la angustia del desarraigo e implica un trabajo de elaboración, el transitar un camino espinoso, dejar amigos y familiares. Un camino sin embargo que tiene un fin, una resolución.
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