El milagro de la mujer que volvió a vivir después de bajar 70 kilos
Carina Iglesias (34) es una mujer adulta como cualquier otra, pero su vida guarda una historia especial porque vivió de cerca el drama de la obesidad. Llegó a pesar 144 kilos y hasta cambió su turno en el trabajo para no cruzarse con nadie por la vergüenza que sentía. Hace poco más de un año entró al programa "Cuestión de peso" y cambió su vida. Con 75 kilos confiesa que volvió a vivir y comparte su historia con minutouno.com.
De chica Carina se crió en una familia de buen comer. Su madre cocinaba “muy bien”, y su padre era pastelero y, según comentó, siempre fue la más gordita de los tres hermanos.
Una noche tomó una de las dosis muy tarde, había ido a bailar con amigas, consumió alcohol y eso derivó en un coma alcohólico. Desde ese momento, dejo las pastillas de un día para el otro ya que se asustó mucho. “Me hizo el efecto rebote y empecé a engordar nuevamente", expresó.
La vuelta de España y la muerte de su madre
Al poco tiempo de ese incidente se fue a vivir un tiempo a España y en ese viaje, confesó, se comió "todo lo que había”. Tras volver ya pesaba 102 kilos y cayó en una depresión porque siempre había trabajado como secretaria y nadie la tomaba por su aspecto físico.
Mientras buscaba empleo como operadora telefónica, paralelamente estudiaba cocina y se preparaba exquisitos manjares para ella sola. Pero la debacle comenzó cuando falleció su madre. “Ahí se me desmoronó todo. Fueron los últimos 20 kilos por esa angustia y el último año fue patético”, recordó.
Carina contó que en ese momento se cambió al turno noche en el trabajo para no tener que cruzarse con la gente porque sentía que todo el mundo la miraba porque era obesa. “Trataba de no viajar en colectivo, subte, me daba mucha vergüenza, cada vez me escondía más y llegué a pesar 140”, sostuvo.
Mientras algunas amigas la convencían para que hiciera dieta y la llevaban a caminar, por aquellas noches Carina llegaba a comerse hasta 32 sorrentinos o casi tres pizzas ella sola.
El click: la fiesta de egresados y la salud de su padre
Uno de los momentos más fuertes que produjeron el click en su vida fue, sin dudas, la cena de egresados que tuvo al haber retomado la secundaria que había dejado a los 16 años, y que se realizó en la casa de una compañera. “Me acuerdo que bailé un sólo tema de cuarteto que me encanta y me senté porque no me podía mover más y me asusté muchísimo”, rememoró.
Carina dijo que en ese momento se empezó a proyectar en su padre, también obeso, que según comentó, vivía tirado en la cama, con problemas cardíacos y depresión. “Hasta ese momento en lo único que pensaba era en qué bomba me iba a hacer de comer”, admitió. “Viéndolo desde ahora puedo decir que estaba totalmente arruinada”, confesó.
Por esos días averiguó “tibiamente” con una amiga para asistir a la clínica de Alberto Cormillot y a la de Máximo Ravena, pero fue gracias a su padre que comenzó a ilusionarse, esta vez en serio, con bajar de peso. “Un día él me mandó un mensaje de texto y me dijo ´´¿por qué no te anotas en el programa de los gordos?´´. En ese momento sentí que alguien tenía interés en mi vida como hacia tiempo no lo notaba”, dijo.
Carina, que nunca había tenido una gran relación con su padre, sintió que ese mensaje le había hecho el click que tanto esperaba y fue por ello que escribió un mail a la producción del reality “Cuestión de peso” contando su historia. Le realizaron un casting y quedó en el programa. El sueño ya estaba en marcha...
Una apuesta que le salvó la vida
“El día que entré me pesaron y la balanza marcó 144, 2 Kg y me quise matar”, recordó Carina, entre risas, que tuvo que dejar su trabajo para dedicarse casi full time a "Cuestión de peso".
Para no quedar eliminada, como todos los participantes, Carina tenía que perder todas las semanas al menos el 1% de su peso. El año que estuvo con el tratamiento se levantaba a las siete de la mañana, desayunaba en la clínica de Cormillot, luego tenía una hora de actividad física, más tarde el almuerzo y después venía el programa en vivo. Cuando finalizaba el mismo se llevaba la vianda a su casa para cenar.
Además, dos veces por semana era atendida por una nutricionista, por un medico clínico y por un psicólogo. “Me costó mucho esfuerzo. He llegado a estar cuatro días internada, pero nunca pensé en abandonar porque tuve en claro que esa era la oportunidad”, afirmó. “Estar con pares que te entiendan me ayudó porque cuando uno se caía, había otro que te levantaba”, respondió sobre la relación que tenía con sus compañeros.
A Carina le costó mucho bajar sus últimos 25 kilos, pero finalmente el pasado 19 de junio recibió el alta al llegar a los 85 kilos y por estos días se siente orgullosa con la variada gama de opciones con las que dispone para el desayuno y haciendo aqua-gym todos los días hábiles de la semana.
“Yo volví a nacer. Antes era muy agresiva, tenía una coraza para que no llegaran a mi. Ahora cuando me enojo se que tengo que largar toda la mierda y que no puedo recurrir a la comida. Antes me guardaba todo por temor a que dejaran de darme bola por ser gorda. Igualmente me cuesta sentirme atractiva para un hombre”, dijo.
Por estos días su peso es de 74,800 Kg y se encuentra trabajando como guía en el programa, acompañando a sus ex compañeros que continúan en el reality, mientras planea estudiar nutrición y uno de sus proyectos es abrir un resto-bar light con su hermano y un ex compañero del reality.
Este logró de Carina le sirvió como ejemplo a su padre que comenzó un tratamiento para bajar de peso y ya adelgazó 40 kilos. “Ahora puedo disfrutar de tirarme al piso a jugar con mis sobrinos y no cansarme y en un cumpleaños ya no trato de disfrutar de la comida, sino de la presencia de los demás”, alegó.
Por último, Carina, que sueña con enamorarse, casarse y formar una familia, tiene un mensaje para aquellas personas obesas que todavía no pueden disfrutar de la experiencia de verse flacos. "No se queden esperando en la cama que les haga el click. Levántanse y empiecen por ir a caminar o comprar un queso light. Y que se aferren a algo que quieren mucho", concluyó.
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