Ex terrorista italiano le vende su famoso restó en Buenos Aires a un personaje un tanto misterioso
*Giovanni Ventura es uno de los dueños del restaurante Filo y también, según la Justicia italiana, el responsable del atentado neofascista de la estación de trenes de Bologna en 1980.
*Ahora, le vende su restaurante a otro personaje con un prontuario no menos frondoso.
“Es cierto que en Filo se come bien. Pero cada vez que paso por la puerta no puedo dejar de pensar que uno de sus dueños es Giovanni Ventura, responsable del atentado neofascista de la estación de trenes de Bologna en 1980, en la que murieron incontables personas; miembro de la 'Ordine Nero' (Orden Negro) y editor de literatura neonazi...”, así escribió un lector en el blog de la página El Cuerpo de Cristo concluyendo: “...así que a pesar del buen punto de la pasta, se me atraganta”.
Es curiosa la historia de este personaje que recaló en Buenos Aires después de haber purgado penas en Italia, entre ellas, acusado por 21 atentados dinamiteros entre los años 60 y 80, cuando las ultras de ese país (Orden Negro, Propaganda 2 y Brigadas Rojas) teñían de sangre la vida plácida de los italianos.
Ventura cumplió un extraño designio que caracterizó a terroristas europeos: llegar a la Argentina y abrir restaurantes. Así como lo hizo este italiano, igualmente lo hicieron militantes de la organización vasca ETA, que también abrieron casa de comida por estas tierras, tal vez una forma de apaciguar las nostalgias de los terruños de origen mediante el recuerdo de sus comidas típicas.
Pero los años no pasan en vano, y hoy Giovanni Ventura, enfermo (sufre una dolencia similar a la que padeció Roberto Fontanarrosa) y con una joven esposa y un hijo de pocos años en qué pensar, decidió poner en venta su local gastronómico (y de la concesión del restaurante del Club Italiano, del que también es titular) y tomar un respiro de la vida gastronómica.
El delegado elegido por Ventura para la venta del fondo de comercio de “Filo”, es un argentino que estuvo detenido alguna vez en Roma por su vinculación con la logia comandada por Licio Gelli (la citada Propaganda-2, o P-2). Se trata de José “Pepe” Caparelli, un ex colaborador del fallecido dirigente justicialista Julio Mera Figueroa.
Si Giovanni Ventura y su local gastronómico tienen un lugar especial en la enciclopedia de Internet “Wikipedia”, no menos llamativo es el probable comprador a quien fue a ver Caparelli a San Pablo: Héctor “Pajaro” Villalón.
Este personaje es una muestra indiscutible del proceso de desideologización que se produce cuando hay negocios de por medio. Villalón tuvo mucho que ver con el nacimiento político del actual Presidente del Brasil, Lula. Pero también fue delegado personal de Juan Domingo Perón en el exilio (al menos entre fines de los 50 y los 60), y después de producida la Revolución Cubana y frente al bloqueo norteamericano a la isla, Villalón fue un agente comercial de Fidel Castro en Europa, siendo un fabuloso negocio para ambos la colocación de grandes cosechas de azúcar en el Viejo Continente. El ahora “retirado” Fidel Castro fue quien le bautizó como “Pájaro”, a su amigo y delegado argentino Héctor Villalón. Ese apelativo –Pájaro- le dan en Cuba a los homosexuales. El castrismo (como ya lo expuso minutouno.com recientemente) persiguió violentamente toda expresión de los sexualmente diferentes acusándolos de “contaminar la Revolución”, pero cuando personajes como Villalón le facilitaban negocios al castrismo, eran bienvenidos y hasta bautizados graciosamente.
Cuando fue el escándalo conocido como Irán-Contras, en el que Estados Unidos financió clandestinamente a comandos contrarrevolucionarios nicaragüenses, Villalón habría oficiado de contacto entre banqueros de New York, el entonces Presidente de Irán y el general norteamericanoOliver North, ideólogo de la operación cuyo desenlace repercutió mundialmente como pocas en el transcurso violento de la historia política centroamericana.
También el citado “Pájaro” fue uno de los hombres de negocios del Almirante Massera, y así osciló su vida de negocios sin importar si sus clientes eran genocidas de derecha o de izquierda.
Si finalmente adquiere el restaurante de Giovanni Ventura en Buenos Aires, será mas por hobby que por sumar nuevos emprendimientos a su larga y próspera cartera de negocios. También Villalón tiene sus años como para andar preocupándose por el punto de cocción de las pastas.
Lo que trascendió en ámbitos gastronómicos es que Giovanni Ventura no se retira de los negocios en la Argentina, sino que después de vender su Restó se dedicará a la industria del maní, merced a contactos en Córdoba y San Luis.
Los personajes cercanos al poder político y económico que se mueven alrededor de Ventura son tan disímiles como las ideologías que portan. Como decíamos acerca de Héctor Villalón, cuando aparecen los billetes se acaba la frontera entre derecha e izquierda, algo similar a aquel slogan que hizo popular a Gimonte (“cuando se apaga la luz...”); parecido pero diferente.
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