Historia de vida en la villa: la desesperada lucha de un padre contra el paco

Sociedad

Jorge González vive en la villa 31 hace 26 años y la adicción de su hijo lo llevó a convertirse en un luchador incansable que diariamente le declara la guerra al paco, el desecho de cocaína que destruye a sus consumidores en el corto plazo, principalmente jóvenes excluidos.

El hombre tiene una improvisada zapatería con la mercadería que él mismo confecciona y dice que perdió varios trabajos porque tiene que perseguir y contener permanentemente a su hijo de 25 años. “Muchos padres no quieren afrontar la realidad y no se hacen cargo, al igual que el Gobierno que no ayuda en nada. Tampoco acuden los sindicatos”, afirma el ex gremialista que vino desde Bolivia para mejorar su situación laboral.

“Yo persigo a mi hijo para que no acuchille a otro. El paco lo está matando y a toda la familia. Incluso lo interné. Pero anoche por ejemplo me dormí a la 1 y a las 4 tuve que levantarme para buscarlo y evitar que vuelva con las malas juntas”, relata Jorge emocionado.

La única ayuda que posee es de la organización Madres en Lucha, pero advirtió que en la villa existe miedo porque “quienes venden amenazan a los padres que luchan contra la droga”.

Según los vecinos, el paco se instaló con fuerzas hace tres años como “la droga de los pobres”.

Los especialistas aseguran que el paco, en sí mismo, no produce una sobredosis, pero destruye progresivamente el organismo. Un adicto terminal muere por el deterioro o por el descuido.

La pasta base es la cocaína no procesada, extraída de las hojas del arbusto a través de una maceración con distintos solventes. Es decir que este residuo contiene no sólo el alcaloide sino también los químicos utilizados en la elaboración, lo que la convierte en una sustancia que provoca un serio deterioro en quien la consume, sumado a que es altamente adictivo.

Dejá tu comentario