La historia del Disney de Mar del Plata donde tocó Soda Stereo y hoy es ruinas por los gases de su suelo
El complejo Waterland revolucionó el verano de Mar del Plata en los '80, pero tragedias y la inestabilidad de un suelo con basura marcaron su final.
La historia del Disney de Mar del Plata donde tocó Soda Stereo y hoy es ruinas por los gases de su suelo
A principios de los años '80, la ciudad de Mar del Plata soñó con tener su propio parque de diversiones al mejor estilo norteamericano. Nació así Waterland, un gigantesco complejo recreativo ideado por el empresario recolector de residuos Luis Rubén "Chiquito" Venturino, que terminó tapado por el abandono y las deudas.
El auge de Waterland: recitales, lujo y visitas exclusivas
Inaugurado el 5 de diciembre de 1982 sobre un predio de más de seis hectáreas ubicado a la vera de la ruta 88, el parque deslumbraba con atracciones jamás vistas en el país. El lugar operaba todo el año y llegó a contar con instalaciones de primer nivel internacional:
- Una montaña artificial de 20 metros de altura surcada por enormes toboganes azules que descendían entre curvas, túneles y cascadas.
- Una monumental pileta tropical de 2.600 metros cuadrados con isla central y bar acuático.
- El zoológico "Mundo Animal", que exhibía desde leones y chimpancés hasta un cóndor andino.
- Un polo deportivo de alto rendimiento, alojamiento en bungalows y un incipiente centro comercial.
En 1984, el complejo sumó la mítica discoteca Frisco Bay, donde llegaron a tocar bandas emergentes como Soda Stereo, Los Abuelos de la Nada y Los Twist. Además, por sus pasillos y exclusivas fiestas desfilaron figuras de la talla de Charly García, Susana Giménez, Alberto Olmedo y Ricardo Darín.
El derrumbe del paraíso: basura subterránea, gases y tragedia
Sin embargo, detrás del brillo de las luces nocturnas y las piletas climatizadas, la oscuridad comenzó a filtrarse. El predio donde se había levantado todo el complejo había funcionado anteriormente como un antiguo basural de la ciudad. Aunque el terreno fue nivelado y tapado con tierra, las miles de toneladas de desechos orgánicos enterrados continuaron su proceso de descomposición, provocando constantes problemas en la superficie.
Trabajadores de la época admitieron que la montaña de los toboganes sufría filtraciones de gas metano y que varias edificaciones (como los bungalows y las piscinas) sufrían rajaduras y quiebres por la inestabilidad del suelo, obligando a instalar chimeneas de venteo. Las inspecciones municipales incluso llegaron a mencionar siniestros con visitantes heridos por estas falencias estructurales.
A la inestabilidad geográfica se le sumó el inicio de la crisis económica del grupo empresarial Venturino Eshiur y, sobre todo, una desgarradora tragedia familiar: el 8 de mayo de 1985 falleció dentro del propio complejo Leandro Venturino, el único hijo varón del dueño, con tan solo 15 años tras sufrir un insólito accidente manejando un arenero.
Tras temporadas cada vez más flojas y con un modelo de negocios insostenible por los altos costos de mantenimiento durante el invierno, el parque cerró definitivamente sus puertas en 1988. Hoy, cuatro décadas después, el terreno pertenece al sindicato de Camioneros y permanece totalmente abandonado, convertido en un cementerio de estructuras oxidadas y restos de hormigón invadidos por la maleza.
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