La mayoría de los padres jóvenes sobreexige a sus hijos pequeños
*Que no pidan golosinas, que saluden y que vayan al baño solos son algunos de los pedidos que pueden provocar transtornos de la conducta.
No es que los chicos sean caprichosos, es que los adultos les están pidiendo cosas imposibles, según un estudio reciente que demostró que el 83,5 por ciento de los padres sobreexige a sus hijos, pero no en términos académicos sino en cuestiones sociales, como portarse bien.
Al parecer, los padres jóvenes son los que piden actitudes menos acordes a la edad de sus hijos, informó hoy el diario Clarín. En realidad, no se trata de no educar a los chicos sino de pedirles cambios en su actitud que sean acordes a su edad.
Por ejemplo, algunos padres piden que sus hijos de menos de cuatro años no los interrumpan mientras ellos hablan por teléfono, algo muy difícil ya que hasta los cinco años se espera que el chico reclame toda la atención de sus mayores, aunque tenga que gritar y hacer berrinches para conseguirlo. La situación sólo logra que el 72 por ciento de los padres acabe perdiendo el control y castigue físicamente a sus hijos (o sea, les de un "chirlo").
Hay edades para todo: al año y dos meses, no se puede esperar que el chico vaya al baño sin ayuda porque el control de esfínteres empieza a partir de los dos, y a los dos años y tres meses es probable que muchos chicos no tengan el equilibrio para andar en triciclo porque la motricidad se desarrolla a partir de los tres.
Comer sin ensuciarse es algo que se logra a partir de los cinco, mientras que esperar el turno para jugar es imposible siempre, al menos hasta que comprendan que los juegos tienen reglas.
Otras cuestiones, como saludar a los mayores, son consideradas de buena educación, pero imposibles de exigirle a los hijos de menos de cuatro años.
También está el dilema del kiosko: sin importar la edad ni cuánto berrinche hagan, son los padres quienes deben enseñar a sus hijos que no se pueden comprar golosinas todos los días.
El estudio fue realizado por el Centro de Asistencia y Formación en Salud Mental Aralma sobre 400 casos de padres de clase media, que tienen alrededor de 32 años, con al menos dos hijos de entre cero y cinco años y que viven en Capital Federal y Gran Buenos Aires.
La inquietud de los profesionales del centro se despertó después de recibir numerosas consultas por el comportamiento de los chicos, pero tras hacer el estudio, la directora de la organización, Sonia Almada, explicó que "los chicos llamados difíciles lo son por la complejidad de las creencias y expectativas irracionales que los padres tienen en relación a la edad del hijo".
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