La partida del Indio Solari: un ángel para nuestra soledad
El fallecimiento del Indio Solari me sorprendió en pleno fragor periodístico y la sacudida fue casi mortal.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
El título de esta nota que jamás hubiera querido escribir surgió como una meditación en emergencia, parafraseando al poeta estadounidense Frank O’Hara, que seguramente Carlos Alberto “Indio” Solari tenía en su biblioteca.
Es que el fallecimiento de uno de los máximos íconos de la cultura popular y del rock en Argentina me sorprendió en la siempre urgente tarea del periodismo online.
Debo confesar que la irrupción masiva del fenómeno Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ocurrido en los ’90 durante mi adolescencia no me interpeló.
Clasemediero y sin haber pasado aún por la UBA, las voz chillona del Indio, sus metáforas encriptadas y la saturación de saxofón de “Gulp!” estaban muy lejos de mi habitual y conforme escucha de Soda Stereo.
Sin embargo, en aquel momento pude vislumbrar que la música de Los Redondos se había convertido en un refugio para los “desangelados” del desguace al que era sometida la Argentina durante el menemismo.
Con la nueva oleada neoliberal encabezada por Javier Milei y en una situación particular de trabajador de prensa y padre de familia, la poesía del Indio Solari por fin me atravesó.
Canciones como “Un ángel para tu soledad”, “Todo preso es político” y “El infierno está encantador esta noche” se volvieron el soundtrack permanente de una vida cotidiana signada por el período más nefasto que me toca padecer desde que estoy económicamente activo.
Que la desaparición física del Indio sirva para intentar descubrir en sus temas esa extraña comunión que se da entre una expresión artística de vanguardia y un público de masas altamente emotivo y popular que siempre busca, consciente o inconscientemente, no girar maniatado, faulear y arremolinar.
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