La Iglesia, preocupada    por el descenso de fieles y la baja en seminaristas

Sociedad

Télam
Por Télam
El hecho de que más del noventa por ciento de los argentinos crea en Dios pero la cantidad de católicos sea cada vez menor y sólo la quinta parte de ellos concurra regularmente a misa, genera preocupación en la estructura institucional de la Iglesia católica.

Es que a pesar de que algunos voceros de la Iglesia aluden a estudios que la señalan como la expresión más confiable para la sociedad y que el problema de la pérdida de la fe es una cuestión global, en la Argentina sufre, además, un notorio descenso en la vocación sacerdotal.
 
Un estudio realizado recientemente por investigadores de cuatro universidades nacionales y del CONICET -el primero hecho a gran escala- y divulgado por la Secretaria de Culto de la Nación, revela que el número de católicos en la Argentina descendió del 90% al 76,5% de la población, y sólo el 23% de ellos va a misa.
 
Casi simultáneamente, a fines de agosto último, la iglesia de Buenos Aires abrió las puertas de su seminario metropolitano, en Villa Devoto, preocupada por la disminución de la vocación sacerdotal.

Déficit de sacerdotes
 
Las estadísticas muestran una sensible disminución vocacional y muestran que desde 2005 hubo una marcada tendencia de descenso en los ingresos al seminario de Buenos Aires: en 2000 entraron 21 jóvenes y este año sólo lo hicieron siete.
 
El seminario cuenta con 74 jóvenes que se forman para ser sacerdotes, una cifra muy distante de los 222 que tenía en 1985.
 
La consecuencia más notoria de ello es la falta de sacerdotes para la atención de un creciente número de parroquias, como puede advertirse en el conurbano bonaerense y otros puntos del país.
 
El retroceso eclesiástico, que se advierte también en la mayor parte de los países desarrollados y en otras naciones permeables a los cambios culturales, llevó al Papa Benedicto XVI a priorizar el tema desde el comienzo de su pontificado en 2005.
 
En 2006, el pontífice advirtió sobre la pérdida de la fe de las sociedades modernas, y formuló un fervoroso llamado a las familias a recuperar la tradición de ir a misa y a poner a Dios en el centro de sus vidas.

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