Las enseñanzas que nos dejan las "fugas adolescentes"

Sociedad


  • En las últimas semanas el intento de fuga de cuatro adolescentes obliga a hacernos un replanteo en relación al rol que los adultos deben cumplir en la formación de estos chicos que piden a gritos ser escuchados por sus padres.

 


 


 


 


La adolescencia es una hermosa etapa de la vida en la que se suceden una serie de cambios no sólo a nivel físico, sino también a nivel emocional, social y del desarrollo intelectual. Es un período en el que comienzan a experimentarse e incorporarse cambios interiores, búsqueda de la identidad; cambios exteriores y corporales, desarrollo sexual y también se la conoce como símbolo de la trasgresión.



En los últimos días fuimos testigos de dos episodios que involucraron a cuatro adolescentes mujeres que intentaron escaparse de sus casas logrando, de esta forma, llamar la atención de sus padres y de toda una opinión pública que no debe estar al margen de estos hechos que para nada deben tomarse como aislados o propios de una única clase social.

Hace casi dos semanas fueron Florencia y Lihué, dos adolescentes que pasaron más de 48 horas fuera de sus casas, y fueron halladas en la estación Aristóbulo del Valle, de la ex línea Belgrano Norte. Hace unos días las víctimas fueron Julieta y Miriam, que repitieron la aventura de sus colegas, y fueron encontradas horas después deambulando por la avenida Independencia en el barrio de San Cristóbal.

Muchísimos lectores de minutouno.com inundaron el diario con comentarios en los que se preguntaban por qué estas adolescentes de 14,15 o16 años se iban de sus casas. “No es normal que dejen sus hogares, algo no funciona bien. Los adultos tendrían que replantearse cómo están desarrollando su rol de padres. Lo único que están pidiendo, a gritos, estas chicas,  es que las escuchen”, expresó uno de ellos  hace unos días.

Y tiene razón éste y todos los lectores que se manifestaron de esta forma. Porque estas chicas (las del Comercial 31 de Palermo, las de la escuela técnica Raggio de Nuñez y otras tantas anónimas que pasan por situaciones similares que piensan en la fuga para evadirse de la realidad que viven) necesitan de la presencia activa de sus padres. Necesitan de un oído que las aconseje, de una palabra que las aliente, de un abrazo que las contenga.

Que importante puede resultar el diálogo entre los padres y los hijos, más aún en esta etapa tan linda y tan compleja como es la adolescencia. Los chicos a esa edad necesitan qué les pregunten, qué los apoyen,  qué les otorguen las primeras libertades pero que, a su vez, les coloquen límites.

También en los últimos tiempos los especialistas vienen observandoque las chicas tienden a imitar comportamientos agresivos de los varones y se están haciendo frecuente algunas peleas entre mujeres, ya sea en los colegios secundarios, en los boliches o en la calle.



Y estas injustificadas golpizas –muchas veces ocurre que varias chicas se ensañan con una sóla- también están relacionados con la falta de atención que reciben en sus casas.

Por eso, siempre es importante poder encontrarse con los hijos y hacerse un espacio, por más pequeño que sea, para poder estar presente en el crecimiento y poder anticiparse a cualquier travesura similar a la de estas chicas.

Por último, por más que en los casos citados anteriormente se trataban de meros llamados de atención de estas chicas que solicitan a gritos “mamá, papá, necesito que me escuchen”, es fundamental que ante la desaparición de estos jóvenes sus padres realicen la correspondiente denuncia para no descartar un secuestro.

Los especialistas en seguridad coinciden en afirmar que durante la primera hora de un rapto de un menor, la víctima tiene un 50% de posibilidades de aparecer con vida. Si pasan dos horas, las mismas se reducen al 10%, mientras que pasados los primeros 180 minutos las chances de sobrevivir son casi nulas.

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