Opinión: Una cacería criminal y la culpa de una víctima
Escribe Mauro Szeta La joven Naira Cofreces fue asesinada a golpes por una patota de 15 mujeres en Junín.
Escribe Mauro Szeta
Los testimonios son contundentes, certeros. El crimen de Naira
Cofreces en Junín fue parte de una cacería criminal. La patota, la
integraban 15 mujeres, algunas menores, otras no tanto. Tenían una
convicción criminal aceitada. Fueron a buscar a una chica -a la que
llamaremos María- para atacarla "sólo porque vestía bien". Todo pasó en
la puerta de un colegio nocturno. Como no encontraron a la chica a la
que buscaban, se ensañaron con sus amigas. Entonces, fueron salvajes en
extremo. Pegaron patadas y piñas. Pegaron hasta matar. En realidad,
Naira, con sus 17 años, se murió días después. No conformes con esa
primera paliza que terminó en muerte, las asesinas fueron por más.
Fueron a buscar de forma deliberada a la chica a la que querían atacar
primero, y la encontraron. Primero, pasaron por su casa. Rodearon la
propiedad y le dijeron a la madre de la chica que la buscaban para
pedirle una carpeta. La madre notó algo raro. Su desconfianza se notó. Y
las asesinas hicieron notar sus verdaderas intenciones. A los gritos,
como parte de la cacería salvaje, exigieron "la cabeza" de la chica que
buscaban. La chica no estaba. La encontraron igual. La chica estaba con
su novio en una moto. A trompadas la bajaron de la moto, y le arrancaron
un mechón de pelo. Su novio la salvó. A él, también le pegaron. Las
asesinas escaparon. Con la muerte de Naira, tres de las acusadas fueron
detenidas. Dos son hermanas de 22 y 29 años, la tercera, una chica de
16. Lo más fuerte de la historia es que las criminales se llevaron el
mechón de pelo de María como trofeo de guerra para mostrarlo en el
colegio, como parte de la batalla ganada. Y algo más doloroso aún: la
chica sobreviviente María se siente culpable por la muerte de Naira.
"Era para mí, yo soy la culpables de la muerte", dijo.
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