Mucho estrés al volver de las vacaciones
*Los psicólogos lo llaman estrés post vacacional y es muy común en los consultorios.
*Provoca desde síntomas depresivos hasta malestares físicos.
Volver al trabajo después de días de relax es un momento difícil para todos. Implica la vuelta a las responsabilidades, las obligaciones, las tensiones, las órdenes de superiores o bien la responsabilidad adicional de ser quien carga con el peso del éxito sobre las espaldas.
Para el psiquiatra Pablo Wizerberg, el estrés post vacacional tiene que ver con la ansiedad de adelantarse mentalmente a lo que se viene tanto en la oficina como en el hogar.
"Y eso cansa. Aunque es normal y frecuente en los pacientes. Sin embargo, si esta depresión dura más de 10 días y se siente que no se sale del bache es muy posible que se trate de algo más profundo”, advirtió el experto.
La realidad es que volver a la rutina –laboral u hogareña- genera un quiebre mental. Es el paso de un ritmo relajado -que muchas veces se consigue con esfuerzo- para de repente volver a la enredada vida que nos trae, además de sorpresa, todo aquello que habíamos pateado para “cuando vuelva”, más lo nuevo.
"Al volver tenía que hacer todo lo que había dejado pendiente y que había prometido hacer al regresar. Cosas de la casa, claro. Pero además, se acumulaban deudas: boletas de servicios, expensas, el cable... Tuve dos primeros días de hacer y hacer cosas. Y al tercero ya estaba cansado de nuevo", contó Mariano (40).
¿Cómo empezar de nuevo?
“Yo los primeros días voy a trabajar sí, pero menos horas. Siempre me voy antes, no soporto tanto tiempo. Mil cosas que atender de golpe después de días de inactividad es difícil. Entonces, lo que hago es irme antes. Hasta que agarre el ritmo”, opinó Andrés (23) que trabaja en una empresa de sistemas.
Una vez que finalizaron los días gloriosos y el trabajo se avecina lo primero que surge es preguntarse cómo volver a la rutina.
“Lo ideal es planificar la primera semana con tranquilidad, con las cosas más importantes solamente. Porque nada se va a venir abajo”, aconsejó Wizerberg.
Para el profesional, la primera semana es fundamental, porque se trata de la readaptación al clima laboral y una vez que esta pasó ya se engancha el ritmo.
La planificación, a su vez, tiene mucho que ver con la hiperexigencia y el sentirse imprescindible. El clásico “si yo no lo hago no lo hace nadie”. Si uno se siente imprescindible tiende a llenar su agenda.
La psicóloga Doris Saslavsky coincidió en que hay que bajar las exigencias para que el trabajo pueda ser disfrutado. “Se trata de una posición subjetiva por la cual cosas favorables son convertidas en desfavorables y se prohíbe su disfrute. Esto es lo que hay que cambiar”, explicó.
Para que sea más fácil, explicó Wizerberg, lo mejor es hacerse una escapada en los primeros fines de semana u organizar salidas con amigos de manera tal de poder pensar en relajarse y recrearse de manera semejante a las vacaciones.
Vivir a mil y bajar un cambio
Uno de los efectos que se hace notar cuando se retorna a la tiranía del reloj y la corbata es la “lentitud”. Sin embargo, los consultados por minutouno.com coincidieron en aclarar que en realidad no se trata de estar menos rápidos, sino de evidenciar la locura de la vorágine en la que vivimos.
“No es que uno esté menos ágil, sino que uno se da cuenta en esas situaciones la rapidez que le imprime a las actividades. Es decir, recién cuando uno logra parar se da cuenta que vivía a un ritmo desorbitado” opinó Wizerberg. Además agregó que “está mal que vivamos a mil y que nos sintamos lentos”.
Por su parte su colega, Saslavsky, frente a esta situación reivindicó el ocio. “El ocio no es algo malo. En esta sociedad se tiene una manera de pensar productiva entonces, si no hago algo no sirvo. Tengo que estar todo el tiempo produciendo sino esta mal. No, estar sin hacer nada está bien y hay que darle valor”, contó la psicóloga.
Las cosas más naturales
Sin embargo hay quienes se toman las cosas de manera mucho más light y natural.
“A mi solo me da fiaca el asunto de volver a la rutina, no me deprime. Como estuve varios años sin trabajo y con laburos como autónomo donde no tenía horarios la rutina no me aqueja, pero sí me resulta un poco cansadora”, cuenta Gabriel, sociólogo de profesión, quien a la vuelta de sus vacaciones se bajó del micro y fue directo a su trabajo.
Para Saslavsky, el retorno al trabajo debería ser algo “saludable y que se pueda disfrutar ya que se supone es una fuente de estímulos de placer y de proyectos”. Pese a esto, admitió que “frente a las condiciones sociales en las cuales estamos inmersos más la historia singular de cada sujeto, estás situaciones pueden volverse agobiantes”.
“Yo el primer día de trabajo no hago mucho. Me dedico a hacer sociales y a ponerme al día, arreglar algunas cosas para días futuros…me lo tomo tranquilo para no estresarme”, opinó Leandro, periodísta.
El hecho es que todo se termina y asi como las vacaciones acaban también llegan. Sólo resta seguir bajo el mandato del reloj hasta que su ritmo empieze a marcar las horas más lento.
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