Mucho estrés al volver de las vacaciones

Sociedad

*Los psicólogos lo llaman estrés post vacacional y es muy común en los consultorios.
*Provoca desde síntomas depresivos hasta malestares físicos.

Volver al trabajo después de días de relax es un momento difícil para todos.  Implica la vuelta a las responsabilidades, las obligaciones, las tensiones, las órdenes de superiores o bien la responsabilidad adicional de ser quien carga con el peso del éxito sobre las espaldas.

Todo eso se hace difícil de retomar luego de días de relax, de placer, de pensar en uno mismo y de distensión en  algún lugar paradisíaco -con el cual soñamos todo el resto del año-. Pero la realidad indica que hay que volver al cemento. Y ello conlleva para muchos lo que se denominó estrés post vacacional.

Bajón anímico, cansancio, pesadez del cuerpo, angustia, depresión, dificultad para conciliar el sueño… son algunos de los síntomas que se evidencian según coincidieron los especialistas consultados por minutouno.com.

“Días antes empiezo a pensar que tengo que volver al trabajo, que tengo mil responsabilidades… me agarran dolores de cabeza, me angustio. Me da una especie de depresión. El solo pensar que en un par de días me pongo loca de nuevo con toda la presión que se me viene me mata”, contó Carla (22), que trabaja como empleada administrativa.


Bajón anímico, depresión, pesadez del cuerpo...son algunos de los síntomas del retorno a la rutina.    


Para el psiquiatra Pablo Wizerberg, el estrés post vacacional tiene que ver con la ansiedad de adelantarse mentalmente a lo que se viene tanto en la oficina como en el hogar.


"Y eso cansa. Aunque es normal y frecuente en los pacientes. Sin embargo, si esta depresión dura más de 10 días y se siente que no se sale del bache es muy posible que se trate de algo más profundo”, advirtió el experto.

La realidad es que volver a la rutina –laboral u hogareña- genera un quiebre mental. Es el paso de un ritmo relajado -que muchas veces se consigue con esfuerzo- para de repente volver a la enredada vida que nos trae, además de sorpresa, todo aquello que habíamos pateado para “cuando vuelva”, más lo nuevo. 


"Al volver tenía que hacer todo lo que había dejado pendiente y que había prometido hacer al regresar. Cosas de la casa, claro. Pero además, se acumulaban deudas: boletas de servicios, expensas, el cable... Tuve dos primeros días de hacer y hacer cosas. Y al tercero ya estaba cansado de nuevo", contó  Mariano (40).

¿Cómo empezar de nuevo?

“Yo los primeros días voy a trabajar sí, pero menos horas. Siempre me voy antes, no soporto tanto tiempo. Mil cosas que atender de golpe después de días de inactividad es difícil. Entonces, lo que hago es irme antes. Hasta que agarre el ritmo”, opinó  Andrés (23) que trabaja en una empresa de sistemas.

Una vez que finalizaron los días gloriosos y el trabajo se avecina lo primero que surge es preguntarse cómo volver a la rutina.

Lo ideal es planificar la primera semana con tranquilidad, con las cosas más importantes solamente. Porque nada se va a venir abajo”, aconsejó Wizerberg.


Para el profesional, la primera semana es fundamental, porque se trata de la readaptación al clima laboral y una vez que esta pasó ya se engancha el ritmo.

La planificación, a su vez, tiene mucho que ver con  la hiperexigencia y el sentirse imprescindible. El clásico “si yo no lo hago no lo hace nadie”. Si uno se siente imprescindible tiende a llenar su agenda.

La psicóloga Doris Saslavsky coincidió en que hay que bajar las exigencias para que el trabajo pueda ser disfrutado. “Se trata de una posición subjetiva por la cual cosas favorables son convertidas en desfavorables y se prohíbe su disfrute. Esto es lo que hay que cambiar”, explicó.


Bajar el nivel de autoexigencia es favorable para poder disfrutar del trabajo.    


Para que sea más fácil, explicó Wizerberg,  lo mejor es hacerse una escapada en los primeros fines de semana u organizar salidas con amigos de manera tal de poder  pensar en relajarse y recrearse de manera semejante a las vacaciones.

Vivir a mil y bajar un cambio

Uno de los efectos que se hace notar cuando se retorna a la tiranía del reloj y la corbata es la “lentitud”. Sin embargo, los consultados por minutouno.com coincidieron en aclarar que en realidad no se trata de estar menos rápidos, sino de evidenciar la locura de la vorágine en la que vivimos.

“No es que uno esté menos ágil, sino que uno se da cuenta en esas situaciones la rapidez que le imprime a las actividades. Es decir, recién cuando uno logra parar se da cuenta que vivía a un ritmo desorbitado” opinó Wizerberg. Además agregó que “está mal que vivamos a mil y que nos sintamos lentos”.

Por su parte su colega, Saslavsky,  frente a esta situación reivindicó el ocio. “El ocio no es algo malo. En esta sociedad se tiene una manera de pensar  productiva entonces, si no hago algo no sirvo. Tengo que estar todo el tiempo produciendo sino esta mal. No, estar sin hacer nada está bien y hay que darle valor”, contó la psicóloga. 

Las cosas más naturales


    Hay que darle valor al ocio y saber que está bien.


Sin embargo hay quienes se toman las cosas de manera mucho más light y natural.

“A mi solo me da fiaca el asunto de volver a la rutina, no me deprime. Como estuve varios años sin trabajo y con laburos como autónomo donde no tenía horarios la rutina no me aqueja, pero sí me resulta un poco cansadora”, cuenta Gabriel, sociólogo de profesión, quien a la vuelta de sus vacaciones se bajó del micro y fue directo a su trabajo.

Para Saslavsky, el retorno al trabajo debería ser algo “saludable y que se pueda disfrutar ya que se supone es una fuente de estímulos de placer y de proyectos”. Pese a esto, admitió que “frente a las condiciones sociales en las cuales estamos inmersos más la historia singular de cada sujeto, estás situaciones pueden volverse agobiantes”.

“Yo el primer  día de trabajo no hago mucho. Me dedico a hacer sociales y a ponerme al día,  arreglar algunas cosas para días futuros…me lo tomo tranquilo para no estresarme”, opinó Leandro, periodísta.


 


El hecho es que todo se termina y asi como las vacaciones acaban también llegan. Sólo resta seguir bajo el mandato del reloj hasta que su ritmo empieze a marcar las horas más lento.

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