Murió "Beto" Pianelli, líder de los metrodelegados de subte

Sociedad

El histórico secretario general de los metrodelegados falleció este jueves. Desde la AGTSyP lo despidieron con profundo dolor: "¡Hasta la victoria siempre!".

El sindicalismo argentino despide a uno de sus dirigentes más carismáticos y combativos. Roberto "Beto" Pianelli, secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro (metrodelegados), falleció dejando un vacío en la militancia porteña. Tenía 60 años.

La noticia fue confirmada oficialmente por voceros sindicales. A través de sus redes sociales, la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro publicó un emotivo mensaje: "Con profundo dolor, despedimos a nuestro querido compañero y Secretario General, Beto Pianelli. ¡Hasta la victoria siempre!".

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Pianelli fue recordado por sus compañeros como "uno de los mejores sindicalistas de nuestra época", destacándose por su lealtad a los ideales, su capacidad de formación y una militancia política activa que nunca abandonó.

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De Flores al sindicalismo combativo

Criado en el barrio de Flores, Pianelli tuvo su despertar político en plena dictadura militar, una época que lo marcó a fuego entre el miedo y la rebeldía juvenil. Se salvó de ir a la Guerra de Malvinas por tener un número bajo en el sorteo, pero la coyuntura del país lo empujó a la militancia, primero acercándose a la izquierda a través de lecturas de Trotsky y luego consolidando su perfil en el gremialismo.

Su historia en el transporte subterráneo comenzó en 1994, cuando ingresó como boletero de la línea E en pleno menemismo. Ante la ola de despidos y la falta de representación, comenzó a organizar a sus compañeros desde la base, gestando lo que luego sería el sindicato de los Metrodelegados.

La batalla contra la burocracia

Su liderazgo se forjó en la confrontación directa con la conducción de la UTA, a la que desafió denunciando métodos violentos y patoteriles. "Teníamos que parar los traslados, nos juntamos todas las líneas y lo logramos", recordaba sobre aquella primera victoria que cimentó su conducción.

Fanático de Boca y lector voraz, en su oficina convivían fotos de Cristina Kirchner, Lula da Silva y El Eternauta. En sus últimas apariciones públicas, se había mostrado preocupado por el avance de la derecha, advirtiendo que el escenario político venía "como un tren acelerando".

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