#FilosofíaAplicada ¿Cómo abordar la ansiedad por lo nuevo?

Sociedad

Con el cambio de gobierno que se avecina han visto la luz un sinfín de especulaciones tendientes a dar cuenta de la incertidumbre lógica que surge ante la irrupción de la novedad. Ahora bien, ¿cómo hacer para que no nos venza la ansiedad de querer conocer el futuro? ¿Cómo abordar el concepto de "lo nuevo"?

Con el cambio de gobierno que se avecina han visto la luz un sinfín de especulaciones tendientes a dar cuenta de la incertidumbre lógica que surge ante la irrupción de la novedad. Ahora bien, ¿cómo hacer para que no nos venza la ansiedad de querer conocer el futuro? ¿Cómo abordar el concepto de "lo nuevo"?

Podemos afirmar, basándonos en algunas estadísticas y en la observación cotidiana de lo que acontece en las calles, que la sociedad argentina es una sociedad que padece mucha ansiedad. Sin ir más lejos, el consumo de ansiolíticos crece año tras año hasta alcanzar la llamativa cifra de un 5% de la población que consume este tipo de medicamentos que buscan frenar este sufrimiento tan diseminado entre nuestra nación.

En este sentido, un acontecimiento tan trascendente como el cambio del primer mandatario, se transforma en una situación absolutamente ansiógena para la sociedad quien se ve sumida en una total incertidumbre al respecto de lo que ocurrirá en el futuro cercano. Filosóficamente se puede decir que en realidad el futuro no existe, ya que cuando sea, lo será en forma presente, por lo que el acto de hablar de hechos venideros siempre queda supeditado al ámbito de lo probabilístico. Sin embargo, ante la evidencia de esta frontera infranqueable es cuando comienzan a dispararse nuestros mecanismos de ansiedad ya que buscamos incesantemente disipar la oscuridad del porvenir mediante la construcción de diversas especulaciones.

Pueda ser que tal vez la emergencia de estas elucubraciones sea imposible de soslayar, que hasta sea una respuesta lógica e ineludible ante el vacío que supone el desconocimiento veraz de lo que acontecerá mañana; sin embargo, cuando la ansiedad se vuelve incontrolable, las especulaciones provocan una auto-ingobernabilidad asentándose en el presente y generando hábitos o prácticas distorsivas en el tiempo actual en vísperas de algo que todavía no ha sucedido y que incluso tiene probabilidades de no ocurrir jamás. ¿Acaso no es esto lo que está sucediendo con las subas de precios de los últimos días? Sí, hemos inventado la inflación preventiva.

La irrupción de lo nuevo, de lo diferente (categorías que en sí mismas no portan valoraciones negativas o positivas) nos ponen frente a frente ante la duda por lo que será, y es en nuestras respuestas acríticas en donde se abren los espacios para conductas completamente dañinas para nosotros como por ejemplo las profecías autocumplidas. Básicamente, estas son afirmaciones sin argumentos sólidos sobre circunstancias que acontecerán en el futuro que logran instalarse de forma tal que las personas logran provocar las condiciones de posibilidad necesarias para que finalmente se realice lo profetizado. Por caso, nadie sabe a ciencia cierta cuál será la cotización del dólar luego del 10 de diciembre, pero la sentencia popular ha dictaminado que será de 15 pesos, por lo que ya se lo está tomando como valor de referencia, generando las conductas necesarias para que la moneda extranjera tenga mayor probabilidad de cotizarse a ese monto.

Pero entonces, ¿cómo vencer la ansiedad? ¿Cuántas cantidades de alprazolam deberemos consumir para mitigar la incertidumbre por el futuro próximo? Aquí radica el verdadero problema, en tener que buscar un "parche" que no solucione la cuestión de fondo, si no que la haga más amena. Si nos dejamos vencer por la incertidumbre nos hundiremos en el pánico, pero si sólo acudimos a salidas banales, frívolas, de un corto efecto alienante, o nos volvemos adictos a estas estratagemas o terminamos tarde o temprano sucumbiendo ante el abismo de la angustia.

Por ello es que quizás lo que necesitamos como sociedad para abordar la necesaria incertidumbre de un futuro que aún no es pero se aproxima sea ejercitar con más asiduidad la reflexión filosófica entendiendo a esta como aquel pensamiento que busca horadar las bases de lo obvio para encontrar los verdaderos supuestos que sostienen todas nuestras estructuras.

¿Por qué tememos al futuro? ¿Realmente un gobierno puede cambiar un país de un día para otro? ¿Quiénes son los agentes del cambio, los funcionarios o nosotros? Sin lugar a dudas, la pregunta relevante, interpeladora y efectiva nos retorna necesariamente al presente porque se cuestiona al respecto de lo que es y de lo que está siendo y esto ineludiblemente nos conecta con el aquí y ahora; ante el exceso de futuro que representa la ansiedad, sólo la filosofía puede equilibrarnos invitándonos a pensar el día a día.

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