#FilosofíaAplicada: ¿Por qué nos atraen las miserias ajenas?
Las repercusiones mediáticas del conflicto sentimental entre Benjamín Vicuña, "Pampita" Ardohain y la "China" Suárez, nos llevan a pensar por qué somos tan consumidores del malestar ajeno y qué es lo que tanto nos atrae de las miserias de los "famosos".
En esta historia, nosotros seríamos los hombres encadenados que creemos que esto que vemos y tocamos es la realidad, cuando no es más que la proyección de lo real en sí que es el exterior, aquel mundo donde habitan las ideas y al cual debemos buscar permanentemente para conocer la Verdad. Pero ¿qué tiene que ver toda esta filosofía con el caso de Pampita y Suárez? Pues bien, más allá de si Platón tenía razón o no, podemos afirmar que como sociedad hemos constituido frente al mundo del espectáculo una suerte de dualidad platónica en donde el "mundo ideal" está constituido por todas aquellas personas famosas que salen en televisión o en diversos medios y que son popularmente reconocidas, mientras que por el otro estaría el "mundo de las cosas" que es donde habitaríamos el resto de los mortales "sin fama".
En este sentido, lo ocurrido con Pampita, su marido y la actriz vendría mostrar una enorme identificación entre lo que sucede en el mundo de las cosas con lo que acontece en el mundo de las ideas, algo absolutamente llamativo e incluso "atractivo" para muchos.
Pero puede ser también que esta atracción es simplemente la reacción por la vida vacía y carente de sentido que llevamos adelante, donde nada logra satisfacernos ni darle un para qué a la vida, por lo que necesitamos estar pendiente de lo que los otros hacen para alienar nuestras mentes sin no pensar en nuestra situación y también para sublimar nuestras culpas y bajezas escondiéndonos en el fútil argumento de que "a los exitosos también les pasa".
Así pues, pareciera difícil que nuestra sociedad esté en condiciones a esta altura de poder delimitar de lo que es teatro, televisión, ficción o realidad: el mundo del espectáculo se ha "cotidianizado" y el mundo de lo cotidiano se ha "espectacularizado"; si bien ambos mundos permanecen en una constante lucha de tensión y relajación, los límites se vuelven difusos. ¿Cuánto pasará para que nuestras vidas sean regidas por la lógica televisiva? ¿O acaso ya estaremos siendo partícipes del show y aún no nos hemos dado cuenta?
Temas
Las Más Leídas









Dejá tu comentario