Asesino, doblemente asesino
No hay atenuantes. No hay justificación. Nada importa. No tiene relevancia, si el robo había ocurrido, o no. Lo cierto es que un hombre llegó en su auto a una plaza de Zárate. Estaba acompañado de su hijo. Y delante de ese hijo, encaró a dos nenes que jugaban en la plaza Soldado Argentino.
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