Una arquitecta construyó una casa de campo con una técnica que ya nadie aplica y el resultado es impresionante

Sociedad

María Verónica Stivanello optó por un material ancestral y la vivienda dejó a sus vecinos sorprendidos.

La arquitecta entrerriana María Verónica Stivanello construyó una casa de campo con una técnica ancestral. En lugar de seguir el camino tradicional de la arquitectura contemporánea, eligió levantar la estructura con tierra. El resultado es una vivienda que sorprende por sus paredes curvas, sus colores naturales y una estética orgánica que parece fundirse con el paisaje rural de Entre Ríos.

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La arquitecta entrerriana María Verónica Stivanello construyó su casa íntegramente con paredes de barro.

La arquitecta entrerriana María Verónica Stivanello construyó su casa íntegramente con paredes de barro.


La casa se construyó en un campo ubicado entre Chajarí y Santa Ana, en una zona de lomadas suaves donde el verde de los cítricos y el cielo abierto dominan el horizonte. Allí, en un terreno que perteneció a su abuelo materno y que durante décadas estuvo dedicado a la citricultura, Verónica, una arquitecta de 36 años formada en la Universidad Nacional de Córdoba, decidió poner en práctica todo lo que había investigado durante años sobre bioconstrucción.

Verónica nació y creció en Chajarí, una ciudad del norte entrerriano marcada por la producción citrícola. Tras terminar el secundario se mudó a Córdoba para estudiar arquitectura. Allí cursó toda la carrera y, antes de finalizarla, aprovechó un convenio académico que le permitió completar sus estudios en Europa.

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Durante un año asistió a clases en la Universidad de Salerno, en Italia,
donde también desarrolló su tesis. Fue en ese período cuando comenzó a interesarse por otras formas de pensar la arquitectura. “Mientras trabajaba en la tesis me empezó a picar el bichito de investigar otros materiales, algo que en la facultad prácticamente no habíamos visto”, recordó en diálogo con Infobae.

Al regresar a la Argentina en 2016, Verónica ya sabía que quería experimentar con ese tipo de arquitectura. Había pasado horas mirando videos, leyendo artículos y tratando de entender cómo se construía con adobe, barro y fibras naturales.

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La vivienda se levanta en un campo ubicado entre Chajarí y Santa Ana, en Entre Ríos.

La vivienda se levanta en un campo ubicado entre Chajarí y Santa Ana, en Entre Ríos.

Un año después ocurrió un encuentro que marcaría su camino profesional: tomó un taller con Jorge Belanko, reconocido constructor y difusor de la bioconstrucción en América Latina.

Belanko, un albañil autodidacta que desde hace décadas enseña técnicas de construcción con tierra, se convirtió en una especie de mentor y fue quien la invitó a acompañarlo en distintas capacitaciones que realizaba en el país.

Así, Verónica comenzó a recorrer talleres y obras donde se levantaban paredes con barro, se mezclaban materiales con los pies y se transmitían conocimientos que muchas veces no aparecen en los manuales académicos. “Ahí empezó realmente el aprendizaje”, contó.

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Una casa de barro perfectamente construida

Para llevar delante su idea, Verónica decidió ir a un lugar muy cercano a su historia personal: el campo de su familia. El terreno pertenecía a su abuelo materno y, tras la herencia, quedó en manos de su madre y sus tíos. “Ella se quedó una parcela pequeña, alrededor de una hectárea y media, que durante décadas estuvo cubierta por naranjos”, relató.

Sin embargo, cuando decidieron construir la casa fue necesario retirar la mayoría de los árboles. “Se dejaron algunas hileras sobre la calle para que funcionen como barrera visual y de ruido, pero el resto se sacó porque mantener plantas sin trabajar puede generar problemas con los insectos para los productores vecinos”, explicó la arquitecta, quien transformó ese espacio en una especie de laboratorio donde se animó a experimentar.

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Queríamos hacer una casa prolija, bien construida, con las paredes a plomo, usando herramientas y maquinaria como en cualquier obra”, explicó la arquitecta.

La vivienda fue levantada con adobes, ladrillos de tierra cruda que se secan al sol y se colocan con una mezcla natural. La fórmula básica es sorprendentemente simple: “Usamos una mezcla con arcilla, que funciona como el pegamento natural; arena, que aporta estructura; y paja, que evita las fisuras”, señaló.

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Luego, fue incorporando –como si fuese una receta de cocina– otros ingredientes, a medida que lo necesitaba. “Para los revoques exteriores, por ejemplo, incorporé cenizas de fogón y claras de huevo, elementos que ayudan a estabilizar la mezcla y mejorar su resistencia”, precisó la arquitecta.

Uno de los rasgos más llamativos de la casa es su diseño ondulante. Las paredes no siguen las líneas rectas típicas de la arquitectura convencional, sino que se curvan suavemente, generando una estética orgánica que dialoga con el paisaje rural.

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El techo de madera blanca –que aporta luminosidad– se dejó visto, sin cielo raso, para exhibir la estructura.

El techo de madera blanca –que aporta luminosidad– se dejó visto, sin cielo raso, para exhibir la estructura.

En el interior hay un detalle que se volvió uno de los favoritos de la arquitecta: una pared donde los adobes quedaron a la vista. Ella la llama “la ventana de la verdad” y así justificó esa decisión: “Es una parte que dejamos sin revocar para que se vea cómo está hecha la casa”.

No hay pintura artificial: los tonos provienen directamente de las arcillas utilizadas. En el interior dominan tres colores: “Un marrón oscuro casi negro, proveniente de una arcilla muy rica en minerales; un rojizo, obtenido de la tierra del propio campo; y un rosado claro,resultado de mezclar esa tierra con cal”.

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Verónica tiene 36 años y se graduó de arquitecta en la Universidad Nacional de Córdoba.

Verónica tiene 36 años y se graduó de arquitecta en la Universidad Nacional de Córdoba.

Con su proyecto, Verónica demostró que una casa de barro no es un retroceso tecnológico, sino una forma de reconciliar la arquitectura con el entorno, la historia y los materiales del lugar. Y en medio del campo entrerriano, entre árboles frutales y horizontes abiertos, esa idea ya tiene forma de hogar.

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