Una recorrida por el mundo secreto de las picadas ilegales

Sociedad

*Con la reaparición del eterno debate sobre las picadas ilegales, minutouno.com se propuso vivir de cerca un fenómeno que se extiende en el tiempo.
*Lo invitamos a conocer la verdad sobre un mundo que se maneja fuera de las reglas permitidas. Galería de fotos reveladora.

Es domingo y la noche es prometedora, al menos para los fanáticos de los fierros. La estación de servicio ubicada en la Avenida General Paz y Rivadavia, a la altura del kilómetro 15 en el barrio de Liniers, sirve de refugio para unos 60 autos que de a poco llegan al lugar. Todos con ciertas características en común: planchados, es decir, al ras del suelo, con caños de escape ruidosos y parlantes que laten al compás de la música.


Se reúnen en la estación de servicio y arrancan en pelotón por Avenida General Paz a altas velocidades.     


A simple vista, nunca podrían pasar desapercibidos. Sin embargo, logran hacerlo semana tras semana sin que nadie los detenga. Desde hace varios meses, ese lugar se transformó en un nuevo punto de encuentro para las polémicas picadas ilegales.

A las diez y media de la noche, ya comienzan a llegar los primeros vehículos. Mientras se caldea el ambiente, algunos hacen la previa en el minimarket de la estación con cena entre amigos de por medio. Media hora después ya se encuentran reunidos en la playa de estacionamiento del lugar esperando que los autos con mayor potencia tomen la iniciativa. ¿Para qué? Para salir picando por General Paz hacia el Acceso Oeste, donde verdaderamente corren.

¿Cómo es posible que nadie los vea? “Si no fuera porque algunos paran los autos delante de los surtidores, la policía ni aparecería. Pero como al estacionar ahí no dejan cargar nafta, la misma gente de la estación es la que a veces llama”, comentó Daniel (26), dueño de un Fiat Regatta que despierta las miradas de sus pares.

Se pudrió todo, llegó la ley

Todo marchaba sobre ruedas, valga la redundancia, hasta que a las once y cuarto de la noche un móvil de la policía irrumpió en la estación. Acto seguido, se detuvo en la salida del estacionamiento y los dos agentes que viajaban en él comenzaron a interrogar a los dueños de los autos pisteros. “¿qué hacen acá?, ¿esto se arma siempre?”, fueron algunas de las preguntas que le hicieron a Nacho (21).


Paradójicamente, los jueves a la noche se corren picadas por Avenida del Libertador a metros de la comisaría.     


“Es la primera vez que vemos tantos autos acá. Tenemos entendido que por General Paz no corren, por eso nos llamó la atención. Vinimos para disuadirlos”, comentaron a minutouno.com los dos policías que resultaron ser de la comisaría 44.

Después de obstruir la salida por menos de una hora, a eso de las 12, el móvil policial ya se había retirado sin tomar ninguna medida al respecto (por más que quisieran, con el auto que tienen – un Volkswagen Polo- no podrían alcanzarlos).  Pero según explicaron los entendidos en el tema, los autos mejor preparados para correr ya no estaban más, por ende, se había frustrado la picada. 

La caravana del peligro

Correr,  lo que se dice “correr” en la jerga pistera, no lo hacen por General Paz. Sino que de la estación de servicio parten en caravana hacia el Acceso Oeste. Allí se enfrentan los autos que alcanzan velocidades entre los 220 y los 240 kilómetros por hora. De todas maneras, circulan todos juntos a altas velocidades, pudiendo producir un accidente.

De hecho, Daniel recordó que un domingo a comienzos de febrero (cuando se dirigían en pelotón hacia el lugar de las picadas) se produjo un choque en cadena entre unos 15 autos. En esa oportunidad tuvieron suerte de no involucrar a un vehículo ajeno, quizá por eso no trascendió a los medios.


Gran parte de los chicos que participan del Cuarto de Milla en el Autódromo son los mismos que se manejan en los circuitos ilegales.     

 


“Me salvé de casualidad. Parecía esos choques de las carreras de fórmula uno. Pasamos por el medio del humo sin saber que había pasado. En esos casos hay que acelerar a fondo y cerrar los ojos”, recordó el joven. 

Al borde de la ilegalidad  

Paradójicamente, una gran parte de las personas que los viernes a la noche participan del Cuarto de Milla en el Autódromo Municipal Oscar Alfredo Gálvez con todas las medidas de seguridad adecuadas, son las mismas que se prenden en los circuitos ilegales.

Roberto (26),
dueño de tres (a falta de uno) autos preparados para correr -un 128, un Duna y un Tipo, todos Fiat- es uno de los que se deslizan entre la delgada fina de lo permitido y lo prohibido. “Personalmente, me gustan las picadas en general porque me gustan los autos preparados para tal fin. Soy consciente de que las de la calle son peligrosas pero a veces para ir al autódromo se tiene que disponer de bastante plata ya sea por la entrada o por lo que implica participar”, explicó. 

El itinerario pistero

Para toparse con éste circuito prohibido, no hace falta trasladarse hasta una zona marginal o hacia un lugar alejado de todo tipo de control policial. La realidad es que las picadas ilegales están a la vuelta de cualquier esquina.

Los fanáticos de los fierros se reúnen varios días de la semana en determinados puntos de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires. Y sino, se prenden en un semáforo. Hasta hace un tiempo, todos los martes y jueves la Autopista Lugones era testigo de una multitud de autos que salían arando. Dicen los que saben, que esas eran las verdaderas picadas.


Para sumergirse en el mundo de las picadas, no hace falta ir muy lejos. Están a la vuelta de cualquier esquina.     

 


Mientras que los domingos el recorrido ilícito se lleva a cabo por el Acceso Oeste de la Autopista, los jueves se arman en Olivos por Avenida del Libertador. Créase o no, a metros de la comisaría.

Pero el itinerario se adapta al contexto de turno. Por lo general, después de casos polémicos que estallan en los medios de comunicación como el de Francisco Vrech (el chico que fue atropellado la madrugada del sábado 21 de Abril en la Avenida del Libertador por un vehículo que venía a alta velocidad) el panorama se ajusta a las circunstancias del momento y por un tiempo tratan de dispersarse.

“Ahora están más hincha pelotas que nunca. En la bajada de Olivos paran a cualquiera y te quieren llevar el auto. Pero lo que no entienden es que este chico no murió por una picada ilegal, murió por un pendejo borracho que no sabía manejar y le sacó el auto al padre. Pero nosotros somos el blanco fácil”, finalizó Daniel.

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