Anécdotas de Menem y Maradona: disputas por capitanía, tiros libres y protagonismo
El ex mandatario y el campeón del Mundo '86 compartieron un partido amistoso y dejaron varias perlitas para la historia que los pinta de cuerpo entero.
Carlos Menem acababa de asumir la presidencia y la selección de Carlos Bilardo se preparaba para defender en unos pocos meses más el título de Campeón del Mundo que había logrado en México en 1986. Corría el año 1989 y el flamante presidente de abundantes patillas y amante del deporte compartió un partido amistoso con el entonces mejor jugador del mundo, Diego Armando Maradona.
De aquel partido quedaron varias anécdotas, algunas de las cuales Rocío Oliva recordó este lunes por C5N.
La cancha llena esperaba ver a los jugadores de la Selección que tenía a Maradona, la estrella indiscutida del fútbol mundial, como su principal figura y por supuesto, capitán. Hacía años que nadie se animaba a disputarle a Diego la capitanía del equipo. Por lo menos no hasta que en el vestuario se encontró con Menem, quien sin ningún prurito le reclamó la cinta antes de que comenzara el amistoso.
Maradona, gentil ante el Presidente de la República, cedió. Pero, fiel a su estilo, lo hizo hasta ahí: lo dejó llevar la cinta pero no sin antes hacerle una exigencia. Menem podría ser capitán si él lo secundaba. Menem no tuvo problemas en eso.
Sin embargo la afición de Menem por acaparar protagonismo parecía no tener límite, pero sí lo tenía la voluntad de Diego por ceder. Menem, parado de cinco, puesto que supo ocupar en su juventud en la década del '50 en el club Defensores de la Boca de La Rioja, intentó "pasar" al Diez una vez más.
Promediaba el encuentro cuando un jugador de la selección cae derribado a las puertas del área. Ahí, en ese preciso lugar desde donde Diego era implacable con su exquisita pegada para los tiros libres.
Y como si desconociera la habilidad única de Diego y sin sonrojarse, Menem se adelantó, tomó la pelota y la ubicó en el lugar donde se había cometido el foul decidido a ejecutar él mismo el tiro libre.
Tomó carrera y ahí sí, Maradona lo paró en seco. Ya había cedido la capitanía, de ninguna manera iba a ceder un tiro libre. Tras una breve pero amigable discusión el riojano tuvo que aceptar que quitarle esa pelota al mejor del mundo había sido un arrebato de orgullo insostenible.
Diego lo apartó, acomodó la pelota, y con esa zurda única clavó la pelota en el arco como sólo él sabía hacerlo.
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