La Serie Río de la Plata y el vacío en las tribunas: por qué el público no acompaña
El certamen amistoso que reúne a equipos de toda Sudamérica se consolidó como alternativa a los viejos torneos de verano, aunque lejos quedó la mística y la convocatoria de estos,
La escena se repite partido tras partido: equipos históricos del fútbol sudamericano, planteles completos, transmisión internacional y estadios con grandes claros en las tribunas. La Serie Río de la Plata, que se disputa cada verano en Uruguay, se transformó en el principal reemplazo de aquellos tradicionales torneos estivales que supieron marcar una época en la Argentina, pero su impacto popular dista mucho del recuerdo de los clásicos colmando el Minella, el Malvinas Argentinas o el Chateau Carreras.
Desde que los torneos de verano desaparecieron del calendario argentino y el último Superclásico estival se jugó en 2018, el negocio de los amistosos encontró en Uruguay un nuevo centro de operaciones. La Serie Río de la Plata reúne en su quinta edición a 26 equipos de la región, entre ellos siete argentinos, once uruguayos y representantes de Chile, Paraguay, Colombia y Perú.
Sin embargo, el formato no incluye un trofeo ni un campeón, y tampoco cuenta con la presencia conjunta de Boca y River, un factor que históricamente funcionó como motor de convocatoria. Los partidos se reparten entre Montevideo, Maldonado y Paysandú, con estadios de capacidades reducidas que, aun así, lucen semivacíos.
Salvo el Centenario y el Campus de Maldonado, la mayoría de los escenarios no supera los 20 mil espectadores y presenta condiciones más cercanas a canchas del ascenso que a plazas turísticas de alto impacto. La postal contrasta fuerte con aquellas noches de verano en la Costa Atlántica o en las sierras, donde no entraba un alfiler y el clima era de fiesta futbolera.
La Serie Río de la Plata y los blancos en las tribunas
Uno de los puntos clave está en la difusión. Para ver los encuentros es necesario contar con Disney+ o ESPN Premium, y en Uruguay se suma la plataforma de Antel. Fuera de esas pantallas, el torneo prácticamente no existe: no hay campañas masivas, promoción en vía pública ni una estrategia turística que convierta a los amistosos en un atractivo para el público general. La transmisión oficial, incluso, evita planos abiertos que expongan la escasa concurrencia, aunque el vacío resulta imposible de disimular.
Desde el punto de vista económico, el certamen sí resulta atractivo para los clubes. Los equipos viajan con gran parte de la pretemporada cubierta, hospedaje pago y un cachet que surge de los derechos de televisación. Allí aparece el costado más polémico del torneo: la Justicia uruguaya investiga a la productora Sport Media, organizadora de la Serie, por una presunta maniobra de evasión fiscal vinculada a la triangulación de derechos con Tenfield, Disney y la empresa estatal Antel.
Según las denuncias, ese esquema permitiría una exoneración impositiva bajo la figura de exportación de servicios, pese a que la mayor parte del negocio se concentraría en el mercado local. Mientras la investigación avanza y pone el foco en nombres conocidos del fútbol y el entretenimiento regional, la Serie Río de la Plata sigue rodando con normalidad.
El contraste es evidente: un torneo que reúne a clubes de peso continental, que mueve cifras importantes y sostiene la preparación de los planteles, pero que no logra generar identidad ni entusiasmo en el público. Lejos de aquellos veranos donde el fútbol era una excusa para llenar estadios y ciudades, la Serie Río de la Plata parece confirmar que, sin clásicos fuertes ni mística popular, el negocio puede funcionar… aunque las tribunas sigan vacías.
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