La vuelta de un ídolo: el día en que Riquelme volvió a ser Román

Deportes

* Si hubo buenas actuaciones en el partido en que Boca le ganó a Vélez 3 a 0, sin dudas Juan Román Riquelme fue la figura excluyente.
* En su mejor nivel desde que volvió al equipo de la ribera, hizo un golazo, repartió lujos, exquisitos pases e hizo jugar a todo el equipo.
* ¿Volveremos a ver la mejor versión del topo Giggio?

Hay jugadores que dependen mucho de su estado de ánimo y del contexto general (llámese relación con los hinchas, con sus compañeros, con el técnico) para tener una buena actuación. Ahora bien, si las condiciones son óptimas, su capacidad se agiganta, y desarrollan todo su potencial.

Este es el caso de Juan Román Riquelme, quien ayer demostró que Boca es el club que lo hace feliz, que saca lo mejor de él.

Y no es para menos: luego de un 2006 que lo encontró en un nivel mediocre, un Mundial en el que fue muy discutido, y sus vaivenes con el modesto Villareal de España, hoy Riquelme vuelve a ser el mismo jugador talentoso que cobijó el equipo de la ribera 10 años atrás, en la era Bianchi.

Si bien desde su regreso a Boca fue mejorando su performance partido a partido, lo de anoche fue sublime. No sólo tomó las riendas desde el primer minuto (riendas que intentó cortar Vélez a base de patadas y empujones varios), sino que se lució, metió y  corrió.

Y pensar que Ricardo La Volpe (preocupado por marcarlo a como dé lugar) había expresado, aún estando en el club de la ribera, que no lo tomaría en cuenta en su equipo ya que, según él, los enganches “no existen más”.


 


Pero Riquelme, plantado como un 10 clásico, regaló sus toques precisos, la exactitud de sus cambios de frente, una exquisita pegada y su visión del juego arrancaron aplausos en cada pelota que tocaba, en cada intervención.

Desde su tranco corto y pausado, el equipo juega en torno a él, y él asume esa responsabilidad con hidalguía.  Es que, al igual que años atrás, el esquema lo ayuda.


 


¿Lento? Claro que sí, pero para velocistas mejor ver atletismo. ¿No tiene marca? Para ello Boca tiene en la mitad de cancha a (Pablo) Ledesma, a (Ever) Banega, sin contar su línea de cuatro. ¿Desaparece durante varios minutos en medio del partido? Es posible, pero ayer el 80 por ciento de las grandes jugadas que supo construir Boca pasaron por sus pies.

De hecho, entre otras cosas, ayer ejecutó un maravilloso pase en cortado a Clemente Rodríguez (previa pisadita maradoniana) para el tercer gol; una impecable definición en el primero (¿apuntó al ángulo?); más otras tantas fantasías para crear fútbol en la mitad de cancha que provocaban la algarabía de "la 12".

Lo cierto es que, "Topo Giggio" mediante (¿dedicatoria a La Volpe?), Riquelme logró anotar su tercer gol desde que regresó al club con el que ganó torneos, copas y reconocimiento. Y no es un dato menor: su nivel de juego está en franco ascenso con el correr de las semanas.

Y esto está en relación directamente proporcional a la alegría con la que juega. Se lo ve cómodo en este Boca. Dentro de la cancha, es un técnico encubierto, organiza y distribuye, juega y hace jugar. Riquelme está en su hábitat natural, con la hinchada que corea su nombre aún en sus peores momentos.

Es que es un jugador sensible. Pero no sólo en la cancha. Fuera de ella, necesita motivación, estar a gusto, apoyo incondicional; algo que encuentra en Boca.

La historia quizás recitará que un día Riquelme volvió a ser el 10 que Boca vio nacer. El 10 que todos los hinchas alaban y reverencian. El jugador que marca la diferencia en el fútbol argentino, en el cual, tal como dice el nacionalizado mexicano arquero de bigotes largos, "no hay enganches". Pero él es una excepción. Gracias Riquelme por volver a ser Román.

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