Dejó el mundo corpo en 2008 por el sueño de una cafetería europea en CABA, llegó a ser cadena y está en riesgo

Economía

La reconocida cadena de cafeterías Le Blé entró en concurso de acreedores tras una fuerte crisis de consumo. Despidió a más de 30 trabajadores.

La famosa cadena gastronómica Le Blé, nacida en el año 2008 en el barrio porteño de Colegiales, solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores debido a una alarmante crisis de consumo durante el gobierno de Javier Milei. La firma se vio obligada a reducir drásticamente su estructura operativa y despedir a más de treinta empleados en pocos meses.

El origen de un ícono barrial que llegó a las 39 sucursales

La propuesta fue fundada originalmente por el argentino Paul Petrelli y su esposa belga, Donatienne Fievet, quienes tomaron la decisión de dejar sus estables vidas corporativas en Europa. Con una apuesta inicial de US$ 150.000, abrieron las puertas de su primer local en la esquina de Álvarez Thomas y Céspedes, en plena crisis financiera global por la caída de Lehman Brothers.

El concepto se centró en alejarse de los circuitos tradicionales y revitalizar los barrios con panadería artesanal, introduciendo de forma temprana la masa madre y opciones de brunch. Gracias a este éxito, el proyecto creció bajo el sistema de franquicias y se diversificó en múltiples formatos comerciales, alcanzando un esplendor de 39 sucursales e incluso planificando una expansión internacional hacia España.

El impacto de la crisis y una deuda de $1.500 millones

La devaluación del poder adquisitivo y el desplome del consumo en el sector gastronómico golpearon el corazón de la empresa Be Larch S.A., operadora de la marca. Según consta en el expediente judicial, la firma pasó de tener 49 empleados en noviembre de 2025 a tan solo 15 en la actualidad, acumulando además 175 cheques rechazados por más de $205 millones y dos pedidos de quiebra por parte de sus proveedores.

Para intentar frenar la hemorragia financiera, los dueños cerraron locales propios que daban pérdidas y achicaron la administración, pero la deuda total ya asciende a $1.566,8 millones. Con un capital de trabajo negativo y sus cuentas bancarias embargadas, la histórica confitería de estilo europeo lucha hoy por lograr un acuerdo con sus 76 acreedores para evitar la quiebra definitiva en medio de una profunda recesión económica.

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