"El silencio es maravilloso": la frase polémica de Mario Massaccesi que recuerda tiempos del genocida Videla
En su charla con Mario Pergolini sobre la intimidad del dictador, el periodista Mario Massaccesi dejó otra llamativa reflexión en torno al valor de callar.
"El silencio es maravilloso": la frase polémica de Mario Massaccesi que recuerda tiempos del genocida Videla
El escándalo por las declaraciones de Mario Massaccesi sobre la supuesta espiritualidad de Jorge Rafael Videla no deja de sumar repercusiones. Más allá del repudio que generó su intento de encontrar humanidad en el máximo responsable del terrorismo de Estado, una frase del conductor encendió las alarmas por su peso simbólico e histórico.
De la intimidad del dictador al elogio del silencio
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En el diálogo con Mario Pergolini, luego de anticipar que prepara un documental sobre facetas desconocidas del genocida y aclarar que eso no lo convierte en "un buen presidente", Massaccesi intentó profundizar en su mirada sobre las conductas individuales apelando a una llamativa ponderación:
"El mundo está como está no porque los malos hayan hecho mucho, sino porque los buenos no hemos hecho lo suficiente. Y yo creo que ir al lugar de lo mejor que tenemos, la generosidad, la empatía, el servicio a los demás, el silencio, el silencio que es maravilloso... bueno, ahí hay mucho por explorar y hay mucho por poner en práctica", argumentó el periodista.
La enfática reivindicación del silencio, manifestada en directa sintonía con la justificación discursiva de una figura como Videla, no tardó en despertar inmediatas comparaciones con los códigos discursivos y mandatos represivos que rigieron a la sociedad argentina durante la época más oscura del país.
La siniestra resignificación de "El silencio es salud"
La apelación al silencio como virtud remite de inmediato a una de las campañas propagandísticas más recordadas de aquellos años. Aunque la célebre frase "El silencio es salud" nació originalmente en abril de 1974 —cuando el intendente porteño José Embrioni instaló un cartel en el Obelisco con el propósito de combatir la contaminación acústica—, cobró un cariz completamente diferente a partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Bajo el régimen de facto encabezado por la junta militar, la consigna mutó de una recomendación vial a un imperativo de censura y disciplinamiento social. En tiempos donde dominaban la persecución, el miedo colectivo, la complicidad civil y el mandato de "no te metas", la imposición del mutismo funcionó como una herramienta clave para encubrir el horror de los centros clandestinos de detención y el plan sistemático de desaparición forzada de personas.
Por esa razón, en un contexto discursivo donde se intenta humanizar al mayor genocida de la historia nacional, afirmar con liviandad que "el silencio es maravilloso" adquirió una resonancia profundamente dolorosa que reavivó la condena social en defensa de la memoria, la verdad y la justicia.
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