Historia no oficial de las FARC: de la guerrilla al narcoterrorismo

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Hay muchas formas de contar la historia de un grupo que saltó de sostener un ideal revolucionario (se esté o no de acuerdo con los métodos revolucionarios, un ideal no deja de ser un deseo de cambiar el status quo social) a convertirse en una fuerza terrorista que maneja millones de dólares a partir del secuestro extorsivo y el narcotráfico.

Existe una historia oficial que cuentan los propios protagonistas y otra –también oficial- que escriben sus adversarios. Pero entre las rugosidades y malformaciones de lo que se relate del grupo que puede inducir en cualquier momento a una guerra regional en Centroamérica, no deja de llamar la atención que mientras los ejércitos regulares e irregulares han terminado con todas las formaciones armadas en el Continente, el ejército de Manuel “Tirofijo” Marulanda continúa sorprendiendo al mundo entero con su capacidad para sobrevivir en la espesura selvática en el ultratecnologizado siglo XXI.

Si los sistemas de rastreo satelital que colgados por encima de la estratosfera divisan una pelotita de golf en la espesura de un bosque pero no detectan un campamento de hombres armados en la selva colombiana o sus territorios fronterizos, es porque o no quiere hacerlo o por alguna razón desconocida para el común de los mortales les conviene seguir otorgándole zona franca aunque siembren de luto y muerte la vida de los propios colombianos.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fue en un principio un grupo de autodefensa integrado mayoritariamente por campesinos maltratados por los terratenientes (1949),  hasta que en 1964 se vinculó con el Partido Comunista de Colombia y pasó a ser una guerrilla organizada.

Mientras otras formaciones rurales, como “Sendero Luminoso” en Perú, seguían preceptos de guerra de guerrillas maoísta (conquistar los campos y acosar a las ciudades), las FARC se definieron siempre como marxistas-leninistas y su única relación con los senderistas fue la crueldad de sus métodos para imponer terror a los mismos campesinos por los que dicen luchar.

Pero lo llamativo de su historia es que no estuvieron subordinadas ni a los dictados del Partido Comunista Ruso, ni tuvieron relación estrecha con otras guerrillas que se formaron en todo América durante dos décadas. De hecho, su relación con la Revolución Cubana fue entre distante y discreta.

Cuando se conocía que el castrismo apoyaba toda forma de lucha armada en el Continente, los vínculos de Fidel Castro y Marulanda nunca parecieron demasiado aceitados. ¿Hubo algo que hiciera sospechar a los jefes de la Revolución Cubana que las FARC no eran del todo confiables..., aún antes de iniciarse en la práctica del narcotráfico? Esa pregunta que solo podría contestar Fidel, quizás nunca tenga respuesta pública.

En la historia de las FARC se encuentran más puntos oscuros que claridades. Cuando el sandinismo luchaba contra la dictadura de la dinastía Somoza en Nicaragua, los hermanos Ortega –comandantes de la fuerza triunfante en 1979 y uno de ellos, Daniel, actual presidente Constitucional de Nicaragua-, también se movieron a prudencial distancia de los insurgentes colombianos.

Es como si las selvas centroamericanas escondiesen un secreto impúdico, o una sospecha incompleta acerca de las FARC, que aún nadie se atreve a develar.

¿Quién es “Tirofijo” Marulanda Valdez, el septuagenario jefe de las FARC? Su verdadero nombre es Pedro Antonio Marin, un campesino nacido el 12 de mayo de 1930 que tomó el alias con el que se lo conoce en 1951. Marulanda Valdez fue un luchador comunista que murió en Medellín en 1951... lo de “Tirofijo” –obvio- viene de su extraordinaria puntería como tirador con cualquier tipo de arma corta o larga.

Pedro Antonio Marín no era comunista a mediados del siglo pasado, sino un leñador de filiación liberal (una denominación distorsionada en la Argentina) que se lanzó a luchar armas en mano contra los conservadores colombianos cuando en 1948 fue asesinado el candidato a Presidente del Partido Liberal, José Eliciér Gaitán.

Las leyendas que se dicen de Marulanda, entre hitos diabólicos y heroicos según quien las relate, son desde el inicio de su trayectoria llamativamente recubiertos de sospecha.

En 1964 el gobierno colombiano de Guillermo León Valencia lanzó una cacería contra los grupos de autodefensa campesinos que abandonando su antigua militancia liberal se identificaban con el comunismo. Se llamó “Operación Marquetalia” (zona selvática en la cual tenía actuación relevante Pedro Antonio Marín) y el Batallón Colombia en dos avances letales arrasaron con los grupos de autodefensa pero –y aquí nace la leyenda y el misterio- dejó escapar a Marulanda con un puñado de hombres. Allí Marulanda comienza a ser llamado “Tirofijo” y comienza a escribirse una historia mas llena de dudas que de certezas.

Dos años mas tarde, en 1966, un cónclave de 350 guerrilleros lanza las FARC, y poco después tras la muerte –también misteriosa- de su líder- Jacobo Arenas, la antigua guerrilla colombiana asume su conducción Marulanda Vélez.

Mitos, leyendas, historias de traiciones e historias secretas imposibles de develar aún, corrieron por la selva colombiana desde hace casi medio siglo.

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