Parecía un vehículo liberado, listo para que se lo llevase el primero que lo viera, pero la realidad le dio un fuerte golpe a todos los que se quisieron hacer los vivos.
Un carioca llamado Eduardo Barreto descubrió el método más sencillo para detectar a los potenciales ladrones de bicicletas en un parque de Río de Janeiro, Brasil.
El humorista dejó una bicicleta apoyada contra un árbol en una plaza y luego se escondió armado con una cámara oculta. Lo que los amigos de lo ajeno nunca sospecharon fue que el vehículo estaba atado por una soga muy bien disimulada.
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