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Vendía sandwiches y la policía se los sacó: la historia viral de Maxi

22 de marzo de 2018

Algunos dicen que no hay que dar un pescado sino que enseñar a pescar. A este vendedor ambulante "le sacaron la caña". La solidaridad de la gente hizo que se pusiera de pie de nuevo.

El barrio porteño de Once tiene miles de personas que lo transitan a diario. Provienen de la Ciudad, muchos inmigrantes venezolanos o colombianos están trabajando en sus comercios, del Conurbano, bajan en la terminal del tren Sarmiento, o del interior del país que llegan a comprar ropa o artículos al por mayor para vender en sus ciudades.

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Hay buenos restaurantes, locales de comida rápida, tradicionales pizzerías pero no faltan los vendedores al paso de panchos, hamburguestas, chipá, tortillas de grasa y sandwiches. Maxi es uno de esos que, con una pesada canasta al hombro, recorre a diario las avenidas Corrientes, Pueyrredón y Rivadavia para ganarse el pan del día. Este jueves cuando caminaba por Perón al 2500 debió terminar de trabajar inesperadamente.

La Policía de la Ciudad le labró una multa y le quitó la mercadería. Un testigo le tomó una foto que se volvió viral. La angustia se grababa en el rostro de Maxi. Su modo de vida se veía alterado quizás para siempre. Esos tentadores sandwiches de salame con los que pensaba alimentar a su familia se iban. Perdía todo.

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Pero de la crisis salió una oportunidad porque quien lo fotografió le pidió su teléfono y lo publicó en Twitter. “No quiere plata, quiere trabajar”, remarcó @ZetaDice, el que comenzó una verdadera cadena de favores con el hashtag #ElPibeDeLosSanguches.

Cerca de la medianoche, minutouno.com se comunicó con Maxi quien muy atareado le comentó que tiene muchos pedidos para hoy viernes pero “no tantos como para no alcanzar a cubrirlos” y aclaró que para comprar materia prima tuvo que pedir prestado.

Millones de gracias a toda la gente solidaria, es algo increíble”, dijo “El Pibe de los Sanguches” antes de irse a dormir. Hoy tiene una larga jornada de trabajo con muchos repartos y esa angustia provocada por quien sabe qué “grave” delito que estaba cometiendo se transformó en una sonrisa.

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