#Elecciones2015 No hay hechos, sólo interpretaciones

Política

Ante la incertidumbre por la espera de datos oficiales e incluso cuando comienzan a emerger los mismos, distintas lecturas y perspectivas sobre la misma información numérica parecieran darle razón y sentido a la famosa frase del filósofo Friedrich Nietzsche.

Las horas posteriores al cierre de los comicios dan paso irremediablemente a la ansiedad por el conocimiento de los resultados y abren el espacio a un sinfín de lecturas al respecto de todo lo que ha ocurrido en la jornada y acerca de qué podrían llegar a decir los datos extraoficiales. Es que, ante la incertidumbre o el vacío, no tenemos mejor forma los sujetos que especular sobre lo acontecido hasta tener alguna certeza.

Sin embargo se puede observar un fenómeno: ante el mismo acontecimiento se muestra con patente claridad una sinfonía de voces que dan a entender una multiplicidad de interpretaciones en función de los números que se supone que se van a dar o aún con los que van emergiendo. Quizás no sea el resultado en sí mismo el que se pone en debate (si gana el candidato A o B), si no más bien, y sobre todo en las PASO, las posiciones que se obtienen, los porcentajes, el mayor o el menor apoyo de la ciudadanía, dado que estos son los fenómenos que parecieran variar abismalmente según el discurso que se escuche.

Pero, ¿no es que los números son exactos? Si alguien obtuvo el veinticinco por ciento de los votos ¿qué otra interpretación puede darse? La exactitud numérica se difumina ante el relativismo de las explicaciones, llevándonos hasta la confusión. Es en este punto en donde el pensamiento de Nietzsche cobra relevancia: "no hay hechos, hay interpretaciones". ¿Qué significa este contundente dictamen? Para el filósofo alemán la verdad no es más que una construcción humana, incapaz de subsistir por sí misma y, en caso de que así fuera, no seríamos capaces de acercarnos a ella más que desde nuestra perspectiva. Todo lo que decimos que es, es producto de nuestro entendimiento y poco tiene que ver con lo que pueda llegar a suceder "realmente".

Podemos explayarnos aún más: nos es imposible como sujetos sociales no otorgar sentido a un hecho que sucede; todo nos significa algo, estamos condenados a dar sentido y es en este acto de significar en donde nos cuesta tanto ponernos de acuerdo y más si se trata de circunstancias políticas.

Ahora bien, ¿debemos entonces renunciar a una verdad objetiva del resultado para dar lugar a todas las visiones? Quizás esto nos resulte imposible ya que algunas de estas visiones son completamente contrapuestas y se niegan la una con la otra... debemos elegir. ¿Pero desde dónde elegimos? ¿Desde la verdad o desde nuestra verdad? Es en esta perplejidad que nos podemos dar cuenta de cómo se dan las construcciones de poder que dan lugar a discursos de verdad que, al vencer por su fuerza, se nos van imponiendo.

Por todo ello, al finalizar esta larga jornada existirán fríos números que nos dirán cuánta gente votó por uno o por otro candidato, pero la lectura de estos datos claramente no se agotarán en unas horas y se extenderán hasta octubre. Se podrá decir que se ganó con el treinta por ciento o que se perdió por el setenta; que se perdió en la general, pero se ganó la interna; que se consiguieron grandes números pese a no contar con una gran estructura; incluso habrá quienes quieran deslizar el concepto de "fraude".

En definitiva, a partir de ahora irrumpirá un crisol de perspectivas diferentes ante un mismo hecho, será labor de cada uno decidir qué interpretación le parece más confiable, certera o argumentada. No obstante, lo importante es que, más allá de todo esto, pueda co-existir una multiplicidad de voces, estemos de acuerdo con ellas o no ya que, en definitiva, de eso también se trata la democracia.

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