La política en Argentina: soy visto luego existo
En el año 1997 el politólogo italiano Giovanni Sartori publicaba Homo videns: la sociedad teledirigida, un ensayo cuya profundidad crítica era más extensa que el número de sus páginas y que buscaba poner de manifiesto una realidad patente de fines del siglo XX que se exacerbó a principios del XXI: la enorme influencia de la televisión en los seres humanos.
Esta circunstancia provoca según Sartori una pérdida de la capacidad de abstracción y si bien el tono alarmista está presente en todo momento, esto no quita que no podamos encontrar ideas y críticas bien aplicables a nuestra situación como sociedad, más aún con la explosión de Internet y la filosofía del 2.0.
¿De qué se trata esto? Pues bien, de la búsqueda del impacto inmediato, el shock mediante imágenes y sonidos, frases cortas que buscan la elocuencia, conceptos sintetizados, velocidad en el proceso de comunicación y la búsqueda de la asociación de ideas complejas a través de elementos breves.
Sin lugar a dudas, lo anteriormente mencionado responde fielmente al ideal actual de publicidad o marketing. A la hora de vender un producto de lo que se trata es de imponer una marca, darla a conocer mediante mecanismos de apropiación a través de imágenes, colores o frases sin demasiada extensión. Así pues, se busca que el consumidor a la hora de elegir un producto seleccione el que más conoce porque, inconscientemente, asociará que es de mejor calidad porque no es la primera vez que se enfrenta a él. Esta pretensión de "tocar" el imaginario al ligar los objetos con ideas externas a ellos es la esencia de la publicidad. No importa de qué o cómo esté hecho, si sirve a los fines requeridos o no, si es de buena calidad o de pésima; lo importante es que nos "suene" la marca y entonces así lo consumiremos porque nos resulta conocido, y si es conocido entonces será bueno.
Ahora bien, este razonamiento que pareciera ser un tanto endeble, no se limita al campo del consumo de objetos si no que ha aterrizado con éxito en la política argentina.
En tiempos de inicios de campañas electorales, la televisión se ha convertido en el terreno de batalla de aquellos políticos quienes, sin ninguna intención de difundir propuestas, buscan socializar su nombre, imponer su marca.
Claro que esta labor no se reduce a los estudios televisivos; ya sea diciendo presente en una fiesta con "los personajes del año" (categoría riquísima para elaborar un análisis filosófico), haciendo excesivamente público un casamiento, generando rupturas para salir en los medios o colocando carteles con un simple nombre a lo largo y ancho del país, lo que se está buscando es imponer una imagen atractiva pero vacía de contenido; imagen que, a fin de cuentas, decorará las boletas electorales en 2015 y definirá el destino del país por al menos cuatro años.
Por otra parte, con su dura crítica Sartori llega a predecir que este "reino de la imagen" no hará más que destruir la democracia ya que los ciudadanos, carentes de todo pensamiento crítico culpa de la televisión basura que consumen, no tendrán capacidad para repeler cualquier pensamiento político que sea presentado en las pantallas y se verán "obligados" a elegir solamente entre lo que el televisor les propone, entre figuras vacías decoradas con falsas sonrisas y costosos trajes.
Tal vez la del italiano sea una visión demasiado fatalista pero no por ello debería ser descartada como llamado de atención. Pensemos si no en el paradójico caso de Estados Unidos, un país que se auto postula como la panacea de la democracia pero que, a lo largo de toda su historia, sólo tuvo presidentes pertenecientes a dos partidos políticos, casualmente, los únicos con poder económico para acceder a los grandes medios de difusión masiva.
¿Será que nuestro destino inexorablemente nos llevará a eliminar todo proyecto político en pos de una cara atractiva impuesta por los publicistas?
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