A dos décadas de la Masacre de Carmen de Patagones: qué fue de la vida de Juniors

Sociedad

La historia volvió a repetirse en San Cristóbal. La preparación, el entramado familiar y la edad del tirador son algunos de los datos que remiten al horror.

A 21 años de la masacre de Carmen de Patagones, otra lamentable historia de violencia escolar volvió a repetirse en San Cristóbal, provincia de Santa Fe. La preparación antes del crimen, el entramado familiar y la edad del tirador son algunos de los detalles que recuerdan al horror de aquellos años. Desde el anonimato, el nombre de Rafael Juniors Solich inevitablemente vuelve a aparecer.

El lunes por la mañana, G.D. de 15 años entró armado a la Escuela N° 40, preparó sus elementos en el baño y comenzó a disparar. En su recorrido asesinó a Ian Cabrebra, de 13, e hiriendo a otros dos estudiantes. Con el avance de la investigación, se conoció que el tirador se encontraba bajo tratamiento psicológico y que la escopeta utilizada para el ataque era propiedad de su abuelo. Por su edad es no punible y pasa estas horas alojado en un centro para menores.

Ciertas similitudes del reciente caso remiten a lo ocurrido en Carmen de Patagones el 28 de septiembre de 2004 cuando Juniors, de por entonces también 15 años, ingresó armado al aula de la Escuela Media N° 2 “Islas Malvinas”, mató a tres compañeros e hirió a otros cinco. El ataque fue considerado como la primera masacre escolar de América Latina.

Todo fue premeditado. El día anterior, Juniors pasó a buscar un cuchillo de caza y los cargadores para la pistola Browning 9 milímetros que le había robado a su padre, Rafael Solich, un suboficial suboficial responsable del Museo de Prefectura Naval. Adentro del aula del 1° B del Polimodal, el adolescente se paró frente al pizarrón, sacó el arma y vació el cargador contra sus compañeros, disparando con movimientos semicirculares. Fueron doce disparos.

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Juniors mató a tres compañeros: Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda, quienes murieron dentro del aula. Otros cinco resultaron heridos: Natalia Salomón, Cintia Casasola, Nicolás Leonardi, Rodrigo Torres y Pablo Saldías, quien pasó tres días en coma, perdió un riñón y el bazo. Todos tenían entre 15 y 16 años.

“Se me nubló la vista y disparé”, fueron las palabras que pronunció Juniors ante la jueza Alicia Ramallo, titular del Juzgado de Menores N° 1 de Bahía Blanca. Dijo que estaba enojado con sus compañeros porque lo molestaban desde el jardín, lo cargaban y le decían que era “raro”. Aseguró que desde séptimo grado pensaba llevar a cabo la masacre. También dijo que estaba enojado con su familia y que había soñado que apuñalaba a su papá. ¿El motivo? Se peleaban seguido, según aseguró.

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“Yo nunca le hago nada pero él me pega, me empuja, se enoja porque dice que siempre estoy solo, que no les doy bola a ellos ni a nadie, que no entiende por qué no tengo amigos”, declaró Juniors ante la jueza y describió a su padre como “autoritario”.

Luego se supo que Solich padre castigaba a Juniors con un machete desde los 9 años y que cuando durante la adolescencia lo encontró fumando le dio una trompada que le hizo sangrar la nariz, le empezó a dar patadas y lo dejó encerrado en la casa.

La noche anterior a la masacre de Carmen de Patagones, Juniors y su padre mantuvieron una fuerte discusión verbal que incluyó insultos de ambos lados, portazos y un enfrentamiento cara a cara entre ambos. Al día siguiente, el adolescente llevaría a cabo la primera masacre escolar de América Latina.

Qué pasó con “Juniors” después de la masacre escolar

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La justicia tuvo que declarar a Juniors inimputable debido a su edad. El adolescente fue alojado durante tres meses en la base de la Prefectura Naval Argentina en Ingeniero White. Según se explicó en ese momento, la decisión respondió a la necesidad de garantizar su seguridad personal en medio de la fuerte repercusión pública del caso.

Recién en 2005 se dispuso su traslado al Instituto de Menores El Dique, ubicado en Ensenada. Su familia se mudó a Punta Lara y su padre pasó a prestar servicios en una sede de Prefectura de esa zona.

El paso de Juniors por por El Dique fue crítico y estuvo marcado por el rechazo de otros internos, quienes lo apodaron “Matapibes”. Sufrió crisis depresivas y episodios de autolesiones. Las autoridades resolvieron su derivación a la clínica neuropsiquiátrica Santa Clara, en la ciudad de San Martín, donde se le realizaron evaluaciones completas.Los médicos le diagnosticaron esquizofrenia y trastorno de personalidad psicopática, aunque no hubo unanimidad entre los profesionales. Sí destacaban su nivel de peligrosidad, tanto hacia terceros como hacia sí mismo.

Con el paso del tiempo, la situación comenzó a modificarse gradualmente. En 2007, la jueza Ramallo le autorizó un régimen de salidas transitorias. Al principio eran por pocas horas, pero luego se extendieron a períodos de 24, 48 y hasta 72, siempre bajo estrictas condiciones y en base a evaluaciones médicas.

Cuando en 2009 Juniors alcanzó la mayoría de edad, su expediente dejó de tramitar en el fuero de menores y pasó al Juzgado de Familia N° 4 de La Plata. Poco después, fue reubicado en una clínica neuropsiquiátrica para adultos en esa ciudad, donde continuó bajo tratamiento.

En la actualidad, Juniors sigue bajo tutela judicial, tiene un seguimiento de su estado de salud constante, con controles psicológicos y psiquiátricos. A lo largo de los años, reconstruyó su vida en un entorno de bajo perfil. Reside en la ciudad de Villa Elvira, en el partido de La Plata, donde formó una familia y tuvo un hijo. Mantiene un perfil reservado: nunca dio entrevistas ni hizo declaraciones públicas, y su historia permanece envuelta en un prolongado anonimato que se sostiene desde hace casi 22 años.

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