Aunque muchos dealers están de vacaciones en la costa, la Ciudad sigue bien abastecida

Sociedad

Quentín Tarantino filmó en su primera película, “Los perros de la calle” (1992)  una escena antológica representativa de la paranoia del traficante de drogas. En una simulación dentro de la misma película, el personaje encarado por Tim Roth (al que se lo conoce en la trama como el Señor Naranja,  un policía infiltrado en una banda de criminales), hace un relato hilarante cuando en una época de escasez de marihuana en Los Angeles, se creyó sentir acorralado en un baño público por una jauría de perros de policía mientras el Señor Naranja transportaba un bolso conteniendo buena cantidad de droga.



Tarantino sabía de qué se trataba cuando mencionó una ciudad seca de drogas. Sabía de la psicología culposa del traficante y el estado desesperante de los consumidores en plena sequía del cannabis.



Algo de esto ocurría en veranos anteriores en la ciudad de Buenos Aires y alrededores. Cuando llegaba el mes de enero, los principales proveedores de los dealers locales armaban sus valijas, sus camouflajes y toda esa parafernalia de escondites con doble fondo de la que disponen y en la que son duchos, y partían a los principales centros turísticos dejando desabastecida a la ciudad y algo desesperados a los consumidores porteños. El relato del Señor Naranja en “Los perros de la calle” parecía una figura universal que también se repetía en estas latitudes.



Sin embargo, en este mes de enero ya no ocurre lo mismo que antaño, ciertamente por algo que la sociedad debería lamentar: El abastecimiento de narcóticos es tan fluido, que en éstos días puede decirse que tanto la Costa Atlántica como el “verano porteño” tienen abundancia y para todos los gustos, medidas y precios.



Los medios de comunicación informan casi a diario sobre nuevos decomisos de drogas, pero la plaza sigue activa. Cualquiera que conozca minimamente los rincones, las alcantarillas y las guaridas porteñas sabe dónde encontrar lo que busca.



La cantidad de droga incautada en los últimos meses ha sido abundante... y la multiplicación como hongos tras la lluvia de kioscos que la venden, igual.



Las noticias que llegan de la Costa es que allí también se consigue por doquier los tres tóxicos más solicitados por los consumidores argentinos: Marihuana, cocaína y éxtasis. El “paco” sigue siendo una sustancia utilizada solo por la desesperación de los sectores marginados, una verdadera maldición para los pibes que además de soportar la indigencia y el abandono social terminan presos de la basura que les fríe el cerebro en poco tiempo. Aunque un reciente informe del SEDRONAR (al cual nos referiremos próximamente) mencione algún indicio acerca del presunto ingreso del “paco” a la clase media, lo cierto es que en este sector social se tiene un profundo desprecio por este narcótico. Si alguien de clase media baja consume “paco”, es porque su presupuesto no le alcanza para adquirir cocaína, pero no por preferencia.

También es cierto que existe una realidad política que parece haber abandonado cualquier posible lucha contra el flagelo. El presupuesto del SEDRONAR es tan escaso como el interés oficial por erradicar la droga de las calles. Por eso ya no hay escasez de narcóticos en los grandes centros urbanos cuando los principales proveedores parten a los centros turísticos con su cargamento a cuestas.



Las grandes cifras de droga decomisada pronto son reemplazadas y los narcóticos no faltan en ninguna parte, están a la orden del día y lo más significativo es que cada vez hay más consumidores en todos los estratos sociales, y menos política de Estado para combatir esa tendencia.


Un ex jefe de narcóticos de la policía bonaerense le dijo a minutouno.com lo siguiente: “Encontrar grandes cargamentos de droga sirve para aparentar en  los medios de comunicación que se está teniendo éxito en la lucha contra los narcóticos. Pero no es así porque los estupefacientes se reponen inmediatamente. El verdadero éxito se ha tenido trabajando en los barrios, cuando las madres de los pibes afectados por las drogas le señalan a la policía quién es que se las vende y los efectivos actúan”.  Pero finalizó el bonaerense con una sentencia cruda: “Para hacer procedimientos masivos hay que ir desarmando los kioscos barriales, pero esa medida conlleva una voluntad política y jurídica de actuar contra las drogas,  y hasta ahora nadie se atreve a tomarla...”.

Las fronteras siguen siendo permeables al ingreso de sustancias en forma ilimitada, el Estado ausente y algún síndrome social que hace aumentar permanentemente el número de personas que consumen diferentes tipos de drogas, reflejan este estado de situación en el cuál los dealers se reparten la venta en todo el territorio y ya nadie soporta la sequía tal como lo relataba el “Señor Naranja” en el inolvidable film de Quentin Tarantino.

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