Dos argentinos 'traen' una casa de Tokio y la dejan en Boulogne

Sociedad

*Una pareja de argentinos trasladó una casa desde Japón para instalar en el país un museo de arte moderno y contemporáneo japonés.
*Conocé la historia de la "casa móvil".

Guillermo Bierregaard y Patricia Palacios Hardy, una pareja de argentinos que pasó más de 30 años viviendo en Japón, volvió al país con un souvenir muy especial: una casa de campo japonesa, o Minka. Lejos de tratarse de una mera excentricidad, la idea de la pareja era instalar un centro donde se expusiera el arte y la cultura de Oriente para acercarla al Occidente.

Si bien la construcción es simple, el traslado no lo fue, tal como la pareja de emprendedores supusieron que sería. La casa fue desarmada y embarcada rumbo a Buenos Aires en el puerto de Nagoya, Japón, en 1984. Como relataran en alguna oportunidad Bierregarrd y Palacios Hardy, viajaron con el equipo de carpinteros japoneses que la habían desmontado en la Prefectura de Fukui y la rearmaron al llegar a la Argentina.

El proyecto, como relata Bierregaard, no está concluido y la compra de la casa en 1979 fue sólo “el puntapié inicial de algo que no estaba claro en ese momento". "La idea de continuar viviendo en Japón, con vistas a regresar a nuestro país, no nos convencía si no podíamos transmitir o compartir la experiencia”, cuenta. Hoy, esta construcción de 250 años de antigüedad se sostiene firme y delicada en Boulogne, a un mundo de distancia de su lugar original, en la Prefectura de Fukui, a unos 600 kilómetros de Tokio.

Recuerdos de Oriente

“La primera vez que visitamos la Minka, tuvimos que hacer abstracción de lo que veíamos. Las casas de campo, después de 250 años están muy descuidadas, sucias, desprolijas y afectadas por insectos”, recuerda Bierregaard, y agrega: “En esa abstracción debíamos adivinar si el espacio podía ser adecuado para un proyecto cultural, no definido en ese momento”.

Hoy en día, en la Minka funciona el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo Japonés. Pero la casa es una obra de arte en sí misma. Está formada por módulos de construcción que se utilizaban hasta nuestros días, y está hecha de madera, piedra, junco y papel de arroz, sin ningún tornillo. Lo más importante de la estructura de la casa es que en ella se puede entender la “filosofía arquitectónica los espacios, incluyendo el jardín, y la estética conciente de lo simple a través del Zen”, como remarca Bierregaard.

A lo largo de los años en que el museo está en funcionamiento, el público pudo acercarse un poco a la milenaria cultura japonesa. Bierregaard sostiene: “Asia está tan lejos de nuestro país como lo estaba en 1973, cuando fuimos para allá. Hay muy poco conocimiento sobre lo oriental y predomina lo superficial como todo que se quiere hacer a la velocidad en que vamos”.


 


Pero Boulogne no está tan lejos como Tokio. La filosofía oriental se refugia y se respira por las amplias salas y por el jardín de la casa. En ese lugar, aquí mismo en la Argentina, este "pequeño mundo oriental" pone un paréntesis en el agitado ritmo de vida que llevamos a diario.

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