La historia argentina de las últimas décadas dicta una sentencia inapelable: Las treinta y pico de muertes en el último motín carcelario de Santiago del Estero no tendrá sanciones de fondo contra los autores -ideológicos o materiales- de la masacre. Habrá desplazamientos, sumarios a los agentes penitenciarios involucrados, mucha tilinguearía declaratoria de los funcionarios y gobernantes de turno, pero los responsables de las muertes no serán encontrados y el polvo del olvido recaerá pronto sobre el tema. Como ocurrió en el anterior motín de Sierra Chica, del cual lo que más se recuerda es el menú de empanadas rellenas con carne humana que cocinaron los reclusos más despiadados de la prisión. Y aquel rehén que las probó y atinó a exclamar: “Eran dulces, pero comibles”.
Para estas circunstancias vejatorias de la más mínima condición humana, surge desde el espíritu creativo del ser humano un patrón de conducta común en todos los estadios de la civilización. Es aquel en el cual el arte describe las aberraciones de la caída condición humana, que siempre adopta un escalón más bajo en el descenso a los infiernos cuando se trata de martirizar a su prójimo.
Así surgió la denuncia pictórica más espectacular en la historia del arte: en mayo de 1808 los franceses fusilaron a los españoles patriotas que se oponían al invasor galo. Los Fusilamientos de la Moncloa que pintó Goya es la más acabada comprensión de la violencia irracional puesta de manifiesta en toda guerra.
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El bombardeo del franquismo a la ciudad vasca de Guernica, en abril de 1937, llevado al lienzo por el gran Pablo Picasso, es otra comprobación de la facultad de los grandes artistas de la historia por inmortalizar las atrocidades de la carnicería humana. Ni los fusilamientos de la Moncloa ni la atrocidad sobre Guernica tendrían el mismo valor histórico que el que conservan en la memoria colectiva merced a las obras que sustentan el recuerdo permanente de estos iconos antibelicosa.
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Hace exactamente tres años, en noviembre del 2004, el Indio Solari edito su primer trabajo discográfico desde que se inició el prolongado año sabático de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La obra -El Tesoro de los Inocentes- , contiene un tema bautizado con término que pocos conocían en ese entonces: Tsunami. Premonición o casualidad, al mes de editado “El Tesoro...” un Tsunami (que significa ola de puerto), se llevó la vida de cientos de miles de personas (la cuenta de cadáveres se detuvo cuando contabilizaron el muerto número 250.000) en las costas de Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, la India y alrededores. Ahí todo el mundo supo de qué se trataba un tsunami.
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Ese mismo trabajo de Solari contiene un tema convertido en acuarela descriptiva de una rebelión carcelaria relatada en tiempo real, que estremece de solo escucharla y de ver cómo se volvió a convertir en realidad hace días en la cárcel de Santiago del Estero. A continuación se transcribe la letra completa de esa pieza musical, Pabellón Séptimo, una nueva comprobación de la trillada pero real expresión que dice que...la vida imita al arte.
No es una crónica periodística de la masacre penitenciaria en Santiago del Estero, es sólo... tan sólo, la letra de un tema musical.
Pabellón Séptimo (Indio Solari) Me asfixio... Dios... pienso en mi cara... Se está quemando ahora mi cara... Dios! Una explosión y los colchones... Se prenden fuego y nos quemamos vivos.
Quiero salir, quiero escapar... las puertas siguen encerrojadas El pabellón, en un segundo, se prendió fuego y ya no vemos nada. Pruebo trepar hasta un ventanal... buscando el aire y me balean fiero... Viejita, amor, hijas y amigas... buscan noticias en la puerta ahí fuera...
Tiempo después, escucho aún, el ruido loco de los paloteros... Buscan así, baldosas flojas... donde escondemos tesoro y miserias.. Pobrecito..pobre “el Cebolla”... no pudo mas ... se degolló por miedo. Nadie es capaz (no pueden borrar mis recuerdos!!) nadie puede matarte en mi alma...
Axial te dan... así te quiebran... así te dan por culo así sin mas... Por esta vez La Vieja Cosechera vino.. por mí..y no quiso besar mi vida.
Estoy herido, estoy quemado... voy en camilla por el Salaberry Voy a tratar de hacer conducta aquí... para rajar antes que mis pulmones. Si va a pasar algo conmigo, quiero que sea en libertad... allá afuera. Y nada mas, irme y nada más. No quiero ver más gruesa de llavero... Ni mirar la pared si el pasarela grita...para tapar los quejidos y lamentos. Ya nunca mas!! Y nunca ya voy a olvidarte Pablo... ¡Nunca!
Vale repetirlo: No es una crónica periodística de la masacre carcelaria de Santiago del Estero. Es la vida imitando al arte.
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