¿La Corte Suprema de la Nación está para repartir cantimploras?

Sociedad


  • El Defensor del Pueblo debió intervenir para que la Corte Suprema de la Nación exigiera  las autoridades chaqueñas que les repartieran agua y comida a los aborígenes.
  • Las internas de los políticos chaqueños queda en primer plano, mientras que las necesidades de los Tobas parecen  un “reality show” montado en los escenarios naturales de El Impenetrable.


El entorno de vergonzante declinación política en la clase dirigente chaqueña se vio reforzado hace horas con una insólita resolución de la Corte Suprema de la Nación: a instancias del Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, el máximo tribunal de Justicia del Estado debió exigir en un texto a las autoridades de esa provincia que...asista con agua y alimentos a las comunidades aborígenes chaqueñas que en los últimos días padecieron más de una decena de muertes de personas de todas las edades causadas por desnutrición y falta de agua.

Y decimos insólito porque el hecho que la Corte Suprema se tenga que encargar de decirle a las autoridades de una provincia que debe asistir alimentariamente a la comunidad de tobas, raya con la indignación más absoluta. Ese organismo de Justicia debe estar para resolver cuestiones más trascendentales de la Nación relativas al Derecho, y no para exigirle a un grupo de funcionarios insensibles que le tiren una cantimplora con agua y un plato de comida a los aborígenes cuyas tierras se han venido desertificando a tal punto en los últimos tiempos, que ya el suelo no tiene para ofrecerles lo básico que necesita para su subsistencia cualquier ser, humano, animal o vegetal (“seres móviles o seres quietos”, según los definía Gautama el Buda).


La Corte Suprema debe estar para resolver cuestiones más trascendentales de la Nación relativas al Derecho.    


Es que la pintura que muestran los políticos del Chaco en los últimos días es como si estuvieran viviendo en otro país: un histórico enfrentamiento desde que ambos militaban en el radicalismo (Angel Rozas y Elisa Carrió), derivó en los últimos días en un cruce de chicanas y pases de facturas del que el común de los ciudadanos sabe poco.

“¿Elisa Carrió se volvió peronista-kirchnerista?”,
se preguntaban los medios de prensa después de sus últimas declaraciones a favor del nuevo “pibe sonrisa” de la política nacional. Y la aparición pública de Jorge Capitanich con un triunfo en la provincia con mayores índices de mortalidad de todas las edades entre las comunidades aborígenes, fue la frutilla de una torta mal oliente ¿Los tobas viven en otro país y los argentinos nunca nos enteramos..? Y si así fuera, no se puede olvidar que son seres humanos con derechos asistenciales como cualquier otro, sea cual fuere el origen de sus desgracias.

Hace años, cuando gobernaba el país la UCR y el FREPASO, Carrió decidió abandonar definitivamente su provincia natal, y los chaqueños lo tomaron casi como una afrenta. Por eso la Coalición Cívica recibió muchas muestras despreciativas del electorado en los comicios recientes. La dueña del ARI acusó al caudillo radical Angel Rozas de fogonear una campaña en su contra (argumento remanido, si los hay en la política local). 


 


Y Rozas no se quedó atrás: a mediados de 2000 organizó una reunión de prensa sin grabadores (lo que en lenguaje periodístico se denomina “off the record”), y contó intimidades casi groseras de la familia Carrió. Después la líder del ARI admitió que en su familia hubo cuestiones de alcoholismo y otras desgracias humanas que nada tienen que ver con la política ni pueden afectar la vida pública de las personas.


   ¿Los tobas viven en otro país y los argentinos nunca nos enteramos..? Y si así fuera, no se puede olvidar que son seres humanos con derechos.  

Ella también contó secretos acerca de la forma como la familia Rozas amasó su fortuna en una provincia donde la desnutrición infantil y el abandono de los planes de emergencias ya se acercaban a niveles endémicos. Todo muy bajo, por cierto... casi subterráneo.

De pronto el operador kirchnerista en el Senado, Jorge Capitanich, triunfa por lo que en el lenguaje turfístico se llama “ventaja mínima” (menos que un hocico al cruzar el disco); y pese a haber sido el motorirzador en la Cámara Alta de leyes como las de superpoderes y otras tantas a las que el ARI se opuso con tenacidad, Elisa Carrió “chicaneó” a su archienemigo Rozas felicitando al ahora kircherista por su victoria, mientras que el vencedor y próximo gobernador repartía sonrisas de Sensodine a cualquier lente que se le pusiera en el camino.

Como si la tragedia de las comunidades aborígenes fuera una obra de teatro, las muertes infantiles un montaje escénico y la intervención agonizante de la Corte Suprema de Justicia para que se les otorgue agua y comida un “reality show” montado en los escenarios naturales de El Impenetrable.


Algo de esto se denomina en el lenguaje vulgar... “vergüenza ajena”.

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