La guerra narco se desarrolla en las villas y se extiende sin límite

Sociedad

*Los narcos peruanos -que introdujeron el paco en la Argentina, se enfrentan a los bolivianos, paraguayos y locales en una terrible lucha territorial.
*La escalada de violencia no tiene precedente en el país y ya se deja ver a 10 cuadras del Congreso.

A mediados de la década pasada, un funcionario norteamericano llegó a Ezeiza. En el trayecto entre el aeropuerto y la Capital Federal, señalando las villas de emergencia que se alinean a los costados de la Autopista Ricchieri, el representante del gobierno del entonces presidente Bill Clinton le preguntó a su anfitrión argentino: “¿La droga ya llegó a esos lugares?”. “Sí”, fue la respuesta lacónica del político local. “Entonces en la Argentina van a tener problemas serios. Cuando la droga entra a los lugares de mayor pobreza, la violencia social se torna inevitable”.



El funcionario local que reconstruyó este incidente para minutouno.com reconoció que en su momento le pareció exagerada la premonición del visitante norteamericano, pero viendo el desarrollo de las circunstancias al cabo del tiempo, habría que reconocer que no estaba equivocado.


Un funcionario norteamericano pronosticó, al saber que la droga había llegado a la villa, que la Argentina tendría serios problemas.    


Aunque el incendio de la Villa El Cartón sacó a relucir algunos enfrentamientos que están ocurriendo en ciertas villas de emergencia (casi todas ubicadas en el distrito porteño), entre bandas de narcos bolivianos y peruanos, el asunto parece agravarse en estas semanas con varios incidentes armados y preparativos para enfrentamientos mayores ante la increíble pasividad del poder político, policial y judicial de Buenos Aires. 


 


Los bolivianos inmersos en el mundo del narcotráfico reciben la ayuda de otros narcos de origen paraguayo, que sólo comercializan marihuana. Parece que todos están en contra de los peruanos, cuyos niveles de violencia resultan increíblemente cruentos en un submundo –el del narcotráfico-  en el cual al menos en la Argentina, hasta ahora,  no imperaba la criminalidad en exceso y con sadismo salvo en casos esporádicos.



Uno de los agravantes de este enfrentamiento en ciernes es que los narcos de origen peruano fueron los propulsores de la venta masiva de la pasta base, llamada crak en las calles de los Estados Unidos y paco en la Argentina. Denominada por el común de los medios de comunicación como “la droga de los pobres”, el temible paco no es otra cosa que sulfato de cocaína.


 


Narcos bolivianos y paraguayos se enfrentan cada vez con más violencia contra los peruanos que introdujeron el paco en la Argentina.    

La hoja de coca tiene más de cuarenta propiedades diferentes, entre ellas la de ser un excelente digestivo. El primer paso en el proceso para extraerle las sustancias que resultan euforizantes, se obtiene con una mezcla de líquidos precursores, entre los que sobresale el ácido sulfúrico. Hasta allí el proceso es económico, pero como el ácido sulfúrico es veneno en el cuerpo humano, los laboratoristas químicos utilizan un proceso llamado de cristalización por medio del ácido clorhídrico, que se encarga de anular el envenenamiento casi instantáneo que produce el sulfato.


 


No es que los narcos sean personas que cuiden la salud de sus clientes, sino que el negocio de los grandes carteles es tener clientes de por vida y no que se le mueran en las primeras ingestas.  Tan solo una cuestión de marketing, pero que al menos en la Argentina funcionó en el tema del poco nivel de violencia social que produjo el consumo de cocaína hasta que el paco llegó a los niveles más empobrecidos y allí se pudrió todo.



Los informes televisivos abundaron mostrando las miserias humanas producidas por esta pasta base, y las miradas de la sociedad apuntaron masivamente hacia entornos donde hasta entonces se sabía sobre la comercialización de drogas en las villas pero como los niveles de violencia eran bajos, el asunto no causaba mucha preocupación. O en otra palabras: La sociedad argentina, comenzando por las instituciones fundamentales del Estado, escondió la basura debajo de la alfombra hasta que el asunto les estalló en mil pedazos.


 


La sociedad argentina, comenzando por las instituciones fundamentales del Estado, escondió la basura debajo de la alfombra hasta que el asunto les estalló en mil pedazos.     

Los narcos bolivianos y paraguayos siempre trabajaron en sociedad con bandas nativas, mientras que los de origen peruano suelen hacerlo en forma individual y prefieren evitar sociedades con mafias locales.



Ya se sabe que los enfrentamientos por lograr influencias en zonas barriales produjeron víctimas por doquier en la villa 1-11-14, cercana al estadio de San Lorenzo y donde se calcula que viven ocho mil familias en condiciones de hacinamiento. Hace un año y medio, más de 500 personas que rendían culto al Cristo Morado (una deidad a la que los peruanos adoran), asistieron impávidos a un tiroteo entre bandos peruanos en pugna donde la gente inocente quedó en medio del despliegue de balas.



Después se encontraron en los basurales cadáveres de “mulas” a los que habían eviscerado en vida para sacarle la droga de sus intestinos.



La última modalidad en esa escalada de violencia impredecible es arrojar en las viviendas de sus víctimas una garrafa de gas y después tirotearla desde lejos hasta hacerla estallar.


Como ya hubo agresiones por posesión territorial entre bandos de origen boliviano y peruano, existe una violencia latente en las villas que puede derivar en cualquier momento en cuestiones aún más graves que las ocurridas hasta el presente.



Las autoridades locales y nacionales conocen el drama pero hasta ahora no han detenido una escalada que se perfila de impredecibles consecuencias.


 


Las bandasa locales toman a los narcos peruanos como objetivo y estos últimos no están dispuestos a ceder territorio.    

Las personas inocentes que viven en esos lugares son acometidas por un terror permanente del cual nadie se hace cargo ni le aporta solución alguna.



Las bandas locales también toman a los narcos peruanos como su objetivo y éstos están dispuestos a no dejarse rebalsar de los sitios que conquistaron hasta el presente a costa de sangre y dolor.



Aunque parezcan argumentos de Hollywood, estas escenas ocurren a pocos minutos del centro porteño y se desplazan lentamente hacia barrios menos periféricos. Un ejemplo impresionante: A menos de 10 cuadras del Congreso de la Nación, en una ex fabrica de trajes de baño abandonada y tomada por personas de origen peruano, se ven ingresar  y salir a horas de la madrugada a parejas con bebés. ¿Qué hace una criatura “paseando” por Congreso a las dos de la mañana? Es que entre sus pañales se esconde droga que, ya se sabe, la policía jamás puede requisar. Allí también los enfrentamientos se están haciendo tan habituales que los vecinos casi no se espantan al oír disturbios a cualquier hora.



Quizás cuando las balaceras comiencen al borde de los Tribunales o a orillas de la Casa de Gobierno, el poder en la Argentina se dé cuenta de que es hora de despertarse de la siesta de impunidad en que está sumida. Mientras, se carcome la vida de los jóvenes y se pone en peligro la integridad de los más humildes, quienes –como de costumbre- se convierten en el pato de la gran boda argentina.

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