La maestra bailantera que es santa de la movida tropical
- Después de sumergirnos en el mundo de los santos populares y conocer las historias de la Difunta Correa y El Gauchito Gil, esta última entrega está dedicada a uno de los exponentes del culto pagano más reciente: Gilda.
7 de Septiembre de 1996: kilómetro 129 de la ruta 12 camino a Concordia, Entre Ríos. Un camión de la empresa brasileña Interpress embiste un micro dejando un saldo trágico de 7 muertos: Gilda, su madre, su hija Mariel de 10 años, el chofer del colectivo y tres de los músicos de su banda. Así nacía un nuevo exponente de los cultos populares. Aunque en vida, a la estrella de la movida tropical ya se le habían atribuido varios milagros.
Luego de armar grupos como “La barra” y “Crema Americana”, la discográfica Magenta auspiciaría el primer disco solista de Gilda. Corría 1992 cuando salió “De corazón a Corazón”. En 1993 llegaría “La única” y en un año después “Pasito a pasito”. Con el CD “Corazón valiente” y el hit “Fuiste”, se consagraría en 1995.
Los primeros milagros
A diferencia de otros santos populares, los fans de Gilda ya la aclamaban en vida por sus supuestos poderes curativos. En el cdrom “Almas milagrosas, santos populares y otras devociones”, María de Hoyos y Laura Migale cuentan que despertaba en sus seguidores mucho más que admiración. Por su carisma el público la quería tocar. A pesar de esto, ella renegaba de sus supuestos “poderes” pero no se negaba a la gente.
En coincidencia, María Rosa Lojo, autora de “Cuerpos resplandecientes, santos populares argentinos” comenta a minutouno.com que a Gilda se le atribuían, ya en vida, poderes curativos y no pocos le llevaban sus hijos para que los bendijera o los curara si tenían alguna enfermedad. “No es precisamente una figura típica de cantante femenina de bailanta. No tenía una apariencia sensual y voluptuosa, sino más bien angelical. Se dice que le costó ubicarse en ese medio porque no daba el tipo exigido para el género. Pero se impuso con su voz dulce y su preocupación por los demás”, añade la escritora.
Por su parte, Gastón Alarcón, seguidor, creyente y presidente del club de fans “Un amor verdadero” de la cantante, relata como empezó el rumor de los poderes curativos. Según cuenta el joven, Gilda estaba haciendo un show en Suárez. Al filo del escenario había una nena de unos 12 años que se largó a llorar desconsoladamente cuando escuchó el tema “Baila esta cumbia”.
Después del recital, la chica se acercó y le dijo que había ido a verla para agradecerle. “¿Por qué?”, preguntó Gilda. Y la nena respondió: “gracias a vos mi mamá se curó”. Resulta que cuando la mujer estaba internada, ella ponía el grabador en su pecho para que escuche “Baila esta cumbia”.
La premonición y el himno de despedida
La muerte trágica y temprana de Gilda, en pleno esplendor de su carrera y de su belleza femenina, precipitó la consolidación del mito. Su último tema “No es mi despedida” lo acrecentó también. Unos días antes del fatídico viaje había cambiado la letra de la canción que terminaría por convertirse casi en un himno para sus fans, quienes sostienen que es como si hubiera tenido una premonición.
“Si bien lo había grabado un mes atrás, unos días antes lo cambió por su cuenta y lo volvió a grabar”, apunta Alarcón a minutouno.com. Al mismo tiempo que Lojo agrega: “eso hizo pensar a muchos que había presentido su muerte y que trataba de trascenderla y de seguir comunicándose con sus seguidores a través de la música”.
Sumado a esto, cuando Toti Giménez salió del coma (fue uno de los sobrevivientes del accidente) y se enteró de la muerte de Gilda, llamó a su representante y lo mandó al lugar del accidente a buscar un cassette dónde la cantante había grabado los cambios en forma casera. “Según Giménez, el ‘primer milagro’ se produjo: el cassette estaba al lado de la banquina. Fue procesado con moderna tecnología y sirvió para editar el disco ‘Entre el cielo y la tierra’”, explican Hoyos y Migale.
El culto en la actualidad
A 11 años de su muerte, hoy sus restos descansan en el nicho 3536 del Cementerio de Chacarita pero su espíritu flota en innumerables clubes de fans que transformaron su lecho de muerte en un santuario. “Llegar al lugar en la ruta es algo especial. Allí está lo místico, de hecho, se lo llama el santuario de los milagros”, comenta Alarcón, quien de paso, confiesa que más de una vez su ídola le cumplió un pedido.
Eloísa Martín, Licenciada en Sociología y Doctora en Antropología Social. Investigadora de Conicet y del Instituto de Altos Estudios Sociales, también hace referencia a la magia que sienten sus fans en el lugar donde murió. Para la investigadora, dedicada a explorar el universo de la religiosidad popular, mientras que en el cementerio están los restos y allí van a pasar el día para acompañar al muerto como una forma de devolución, el santuario marca el lugar en el que Gilda se desprendió de la vida.
"Si en uno descansan sus restos, en el otro descansa su alma y las prácticas que se desarrollan en uno y otro suelen ser diferentes. Por ejemplo, los devotos sienten que pueden hablar mejor con ella en el santuario”, resume a minutouno.com.
Te puede interesar
Las Más Leídas





Dejá tu comentario