Martín Balza y los claroscuros de un particular héroe de Malvinas
*El Teniente General (re) Martín Balza dijo, hace unos días, que el calzado de los soldados argentinos era mejor que el de los británicos.
*Sin embargo, él sabía que los borceguíes eran rezago del ejército judío y estaba preparado para soportar altas temperaturas, no 20 grados bajo cero.
*La gran cantidad de soldados que sufrieron la amputación de sus pies por las bajas temperaturas demuestra que la idea que sostiene Balza es, por lo menos, incorrecta.
Aquel artículo motivó que a Edgardo Martolio (actualmente, director de Caras-Brasil) le robaran las cuatro gomas de su auto después de alguna amenaza telefónica, y al autor de la nota –más acostumbrado a escapar de la represión- le costara alguna búsqueda inútil de una fuerza militar en domicilios abandonados previamente.
No se puede decir que Martín Balza estuvo en otra batalla, porque todos los testimonios sobre su figura en combate son reconocimiento a un meritorio desempeño. Pero ciertas formas de marketing que suele realizar el militar retirado para promocionar su figura, resultan –como mínimo- llamativas.
Es que el Teniente General fue el militar preferido del entonces Presidente Carlos Menem, cuando en diciembre de 1990 reprimió el alzamiento de los carapintadas. Las imágenes de su figura alta y erguida, fusil en mano, encabezando la columna militar que recuperaba el Regimiento 1 de Palermo aún está grabada en la mente de muchos. Paradoja: Balza era el militar favorito de Menem y también de los organismos de derechos humanos. El oficial (único combatiente de Malvinas que llegó a la máxima investidura militar) declaraba a diestra y siniestra su repudio hacia la dictadura militar y a los métodos crueles de represión de los ´70, una actitud loable en quien fue parte del Ejército desde su adolescencia, y supo bien –como en todas las Fuerzas Armadas-, qué ocurrió en la Argentina de 1976 en adelante.
Lo paradójico es que Martín Balza, tan propenso a elaborar un discurso de tono humanista, siempre negó que se hubiera hecho explotar intencionalmente la Fábrica Militar de Río Tercero en 1995. De esa explosión intencional (como lo probó el fiscal Carlos Stornelli) se dio por desaparecidas toneladas de armas que luego fueron contrabandeadas por funcionarios del gobierno de Menem con la complacencia de los jefes militares. Y, vale recordarlos, murieron muchos vecinos de la fábrica militar… hombres y mujeres con los mismos derechos humanos que cualquier otro argentino.
Pero en ciertos ámbitos periodísticos –y hasta políticos- Martín Balza tiene una cierta coronita, y puede fabricar un libreto irreal que nadie se atreve a contradecir.
La innumerable cantidad de soldados a quienes tuvieron que amputarle los pies en el transcurso de la guerra en las Islas Malvinas, debería reclamar un poco más de seriedad –o conocimiento- a quienes hablan del asunto. Y recordar aquel negociado de comprar borceguíes fabricados para soportar en estado de aislamiento al tremendo calor desértico del Medio Oriente, el mismo calzado que se llevó a las inhóspitas tierras del Atlántico Sur.
A veces conviene recordar aquella frase que nunca está de más tener presente antes de emitir comentario: El silencio es salud.
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