Mascotas 'anti-narcóticos': una tarea inútil frente a la masividad de las nuevas drogas de diseño
*A mediados de los ‘90, cuando los norteamericanos detectaron no solamente que la guerra contra las drogas parecía casi irremediablemente perdida, sino que además se reducía peligrosamente la edad de inicio del consumo entre los jóvenes, muchos padres fueron alentados a tomar una inteligente decisión.
* Esto es: cuando sus hijos ingresaban a la adolescencia, incorporaban al hogar una nueva mascota. Un perro doméstico adiestrado en la detección de sustancias tóxicas.
Marihuana, cocaína (y sub productos como el crak) y heroína principalmente eran las drogas que estaban en alza en el mercado ilícito de Estados Unidos, y en unas pocas décadas la iniciación en el consumo había descendido a una edad promedio de 13 años.
La carta pública contiene un final impresionante y aterrador a la vez. Kyle, el hijo del policía, murió a los 13 años víctima de una costumbre que se comenzó a expandir entre los adolescentes norteamericanos: la utilización de productos caseros -o de uso frecuente- como entrada previa a las drogas de diseño.
En este caso, fue la ingesta del aire comprimido que se vende en una lata especialmente acondicionada para quitarle el polvo a las computadoras. “Dust Off” es el nombre (no se comercializa en la Argentina) del producto y los adolescentes norteamericanos entre 9 y 15 años llaman a la modalidad de usarlo como drogas “dusting”. La lata de aire comprimido contiene un propulsor refrigerante llamado R2, un gas más pesado que el aire que al ser inhalado produce un estado de embriaguez, una pequeña borrachera y alegría pasajera. Pero el R2 –cuando llega a los pulmones- impide que el oxigeno ingrese en buena forma, los pulmones se terminan tapando y la persona muere ahogada. La escasez de oxígeno es la causa de esa pequeña borrachera, de ahí el mareo inicial y el estado de embriaguez que aparece al comienzo de la experiencia “dusting”.
El comportamiento criminal de los científicos que intervienen en la investigación y fabricación de estos narcóticos de laboratorio no tiene techo. No solamente ponen en circulación productos letales con estrategias de marketing perfectamente definidas y engañosas, sino que además –como pasó en el caso del chico muerto en Estados Unidos por inhalar aire comprimido- son quienes inducen a que los jóvenes reconozcan las sustancias que alteran la realidad y que se encuentran en productos supuestamente tan inofensivos como una lata de aire comprimido fabricada para limpiar el polvo de la computadora. Es el inicio de los chicos en las drogas hasta que ingresan en el mundo de los narcóticos de diseño.
Hace unos días, cuando minutouno.com publicó un informe sobre el “Foxi”, una nueva droga de laboratorio inductora de sueños infantiles, muchos lectores se quejaron suponiendo que hablar del tema era despertar la curiosidad de quienes no sabían de este nuevo narcótico. No hablar sobre las drogas, ignorar lo que ocurre en ese mundo trágico como si el silencio ayudara a erradicar sus consecuencias, ha sido desde años una escuela de pensamiento en todas partes del mundo que fracasó rotundamente.
El policía cuyo hijo murió por inhalar aire comprimido escribió en el encabezado de la cadena de mail que recorre el mundo, una advertencia sabia: La desinformación mata.
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