Misterio en el mar: la historia oculta del "Prefecto Thompson"

Sociedad

*Se trata de un buque de la Prefectura Naval Argentina que fue al rescate del Almirante Irizar y que tiene un pasado digno de un cuento de piratas.
*A mediados de los 90, participó en una cacería de un barco de bandera extranjera que pescaba en aguas argentinas y que había hecho prisionero a un pescador marplatense.
*Enterate cómo ocurrió esta historia.

El Prefecto Thompson, un buque perteneciente a la Prefectura Naval Argentina que se encuentra afectado a la costa marplatense, fue una de las naves que salió en auxilio del Rompehielos Almirante Irizar ni bien se le dio aviso del incendio que afectaba a la nave emblemática de las expediciones antàrticas.



Poco se conoce -incluso dentro de los propios ámbitos de la Prefectura- de un incidente que protagonizó el barco Thompson a mediados de los años `90 cuando participó en una cacería de un barco de bandera extranjera que pescaba en aguas argentinas y que había hecho prisionero a un pescador argentino embarcado en el puerto de Mar del Plata.



Los hechos, reproducidos por un patrón de barcos, parecen parte de una aventura de piratas pero sucedieron realmente hace más de una década. La historia reconstruída a grandes rasgos es la siguiente: El 6 de mayo de 1994 se firmó entre la República Argentina y la entonces Comunidad Económica Europea el “Acuerdo sobre las Relaciones en Materia de Pesca”, que el Congreso Argentino aprobó bajo la Ley 24.315. Este convenio que en principio tenía una vigencia de cinco años y dos de renovación automática, dio lugar a lo que la industria pesquera nacional denominó “el festival de la entrega de licencia de pesca”.


 


Los convenios de pesca incluían una cláusula que obligaba a ciertos buques extranjeros con licencias de pesca (el festival de barcos mellizos fue también fabuloso), a cargar una cuota de tripulación argentina en el puerto de Mar del Plata.    

Esto es: La cesión indiscriminada a buques extranjeros de autorización para pescar en aguas argentinas. El mismo gobierno que había aprobado estos permisos abusivos de captura lo terminó denunciado y el acuerdo feneció a partir del 28 de mayo de 1999. Pero en ese lustro, la depredación de especies -principalmente la merluza y el calamar- determinó una merma considerable en las posibilidades futuras de explotación por parte de las empresas nacionales.


Por aquellos días, en los ámbitos pesqueros de Mar del Plata se corrían una serie de versiones que parecían rescatadas de leyendas piratas, aunque tanto un canal de televisión como un periódico de la ciudad se hicieron eco de una de esas historias.



Se dijo entonces que un patrón y un capitán de un buque pesquero de aquella famosa “flota amarilla” (el color tradicional de las naves hasta que se les cambió su histórica pintura) habían denunciado a una nave de procedencia rusa pescando en aguas argentinas con recursos prohibidos por las leyes de pesca internacional: Redes de mallas reducidas que capturan a la cría e impiden la reproducción de la especie y succionadores de mar, entre otros elementos. 


 


Se dijo que luego de efectuar la denuncia, los dos pescadores marplatenses fueron brutalmente golpeados por un grupo a los que se identificó entonces como pertenecientes a una presunta “mafia rusa” que operaba desde la costa protegiendo la devastación que hacían sus barcos en alta mar. Cierta o no, la leyenda corrió como reguero de pólvora y en el puerto marplatense se vislumbraba una sensación de temor. Los bravos hombres de mar no son precisamente fácil de asustar, pero alguna consulta periodística a raíz de este asunto se encontró con un llamativo mutismo.



Otras historias sostenían que pesqueros tailandeses, filipinos y de otras naciones asiáticas estaban integrados por presidiarios a quienes se les daba la opción de salir de las cárceles a cambio de trabajar gratuitamente en el negocio de la pesca. Relatos que parecen extraídos de la época de Cristóbal Colón, se sucedían a fines del siglo XX. Cuando ocurría algún “motín a bordo”, los sublevados eran arrojados por la borda y morían en el océano. Se decía entonces que los pescadores locales encontraban pasmados los cuerpos flotando a la deriva de hombres de rostros asiàticos. Nadie ponía la firma por estas denuncias. Pero lo llamativo es que también nadie en el puerto de la ciudad felíz las desmentía.


 



El miércoles 11 de abril, el mismo Prefecto Thompson que protagonizó aquella aventura de piratas en alta mar se largó en auxilio del incendiado rompehielos Almirante Irizar.    


Los convenios de pesca incluían una cláusula que obligaba a ciertos buques extranjeros con licencias de pesca (el festival de barcos mellizos fue también fabuloso), a cargar una cuota de tripulación argentina en el puerto de Mar del Plata.



En esa circunstancia, nuestra historia cuenta que un pescador subido a una nave asiática detectó formas ilegales de pesca en alta mar y se lo hizo saber a los mandos de la nave. Estos lo tomaron prisionero para que no hiciera la denuncia ante las autoridades argentinas, pero el pescador marplatense logró zafar y dar aviso de su situación a las autoridades costeras.



Puestas en aviso las autoridades del buque Prefecto Thompson, el mismo partió con destino a la zona en que estaba el barco denunciado. A partir de aquí los informes son algo contradictorios, pero aseguran que el buque de la Prefectura logró avistar al barco asiático y rescatar al pescador argentino que se hallaba a merced de los mandos extranjeros.



Hace menos de un año, el autor de este informe le preguntó acerca de la historia del Prefecto Thompson en Mar del Plata a un oficial de alto rango de esta fuerza de mar.



“Algo escuché de esa historia, pero no la conozco a fondo”,  fue la respuesta que sin negar quizás hasta aceptaba la posibilidad que esta versión fuera cierta. En otro encuentro, el mismo oficial se comprometió a ahondar en el tema motivo de la consulta periodística, ya dando por seguro que lo acontecido en esa época no era una leyenda marina sino tenía vestigios de certeza.


El miércoles 11 de abril, el mismo Prefecto Thompson que protagonizó aquella aventura de piratas en alta mar se largó en auxilio del incendiado rompehielos Almirante Irizar.

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