El miedo paraliza: ¿por qué tememos?
Temor, miedo, incertidumbre, angustia, inseguridad; términos que nos remiten a sentimientos indeseables que pretendemos evitar a toda costa, más allá de que nunca podamos eliminarlos por completo. Ahora bien, ¿cómo entender al miedo? ¿Es un simple síntoma de nuestro instinto biológico de conservación o un fenómeno cultural que porta intereses en búsqueda del control social?
No obstante, pareciera que también debemos tener en cuenta otro factor más allá de la propia mentalidad. Como dejamos entrever, podría pensarse al miedo como un fenómeno fomentado por sectores de poder, interesados en usufructuar la condición de vulnerabilidad en la que nos sumerge el temor. ¿A qué nos referimos? Cuando estamos invadidos por el pánico no podemos pensar, sólo queremos que aquello que nos genera esta sensación desaparezca. Así pues, cuando un problema como la "inseguridad" se vuelve tema central en cada transmisión televisiva, es lógico que la gente sienta terror y apoye cualquier propuesta de mano dura para acabar con su miedo. Pensemos por caso cómo el discurso "anti-terrorista" en el mundo entero ha sido vehículo de cercenamiento de numerosos derechos individuales en pos de la "seguridad nacional".
Mucho se ha hablado ya acerca de la famosa "sensación de inseguridad". David Hume sostenía que no somos capaces de tener ideas sin tener una experiencia sensitiva previa; es decir, que desde esta visión si tenemos tal sensación es porque hemos experimentado la inseguridad. Negar que el delito se ha extendido por gran parte del país sería, como mínimo, imprudente. Sin embargo, esto no impide entender que también existe un relato que no hace más que pretender infundir miedo, pavor en las personas, más no sea para empujarlas a consumir determinados servicios.
De esta forma podemos preguntarnos qué hacer con el miedo. ¿Hay que erradicarlo o controlarlo? Quizás cuando se vuelve inmanejable, o mejor dicho cuando maneja nuestra vida, sí haya que buscar eliminarlo o al menos aplacarlo. Pero si no llega a este nivel ¿no será algo positivo que nos mantiene alerta? Puede ser que se trate de esto, de estar alerta, atentos no sólo para preservar nuestra integridad, si no también para evitar que manipulen nuestro pensamiento con un discurso que, sutilmente, se va enquistando en cada uno de nosotros hasta hacerlo indubitable y convencernos de que vivimos en una realidad que no se corresponde al cien por cien con lo que experimentamos.
Por Federico Emmanuel Mana
Licenciado en Filosofía
[email protected]
Temas
Las Más Leídas







Dejá tu comentario