#FilosofíaAplicada Alé, en el cielo con diamantes

Sociedad

El brote psicótico sufrido por Matías Alé deja en evidencia cómo repercuten aún en nuestra sociedad conceptos añejos y ampliamente abordados como "locura", "paranoia" o "delirio".

Pero ¿quién tiene la capacidad para decirle al otro que está "loco"? ¿Desde dónde se construye lo "normal" como diferente de lo "anormal"?

La humanidad ha contemplado siempre a la locura con cierta distancia, rechazándola por el temor a ser absorbidos por ella pero al mismo tiempo sintiéndose atraída por el encanto de lo diferente, lo diverso, lo extraño. Así, se ha tomado la palabra "loco" para señalar algo divertido o gracioso por su falta de lógica, como también para denominar a aquellos quienes no han de encontrarse dentro de los márgenes de la salud mental.

No obstante, la gran pregunta a resolver es: ¿quién está loco? ¿A quiénes incorporamos dentro de esta categoría? Sin duda la respuesta no puede ser ni obvia ni evidente y en el transcurso histórico de su desarrollo se han dado múltiples juegos de poder y dominación desde el plano de lo religioso, lo político y lo sanitario. Es que por "loco" podemos tomar a aquella persona que se manifiesta con dichos y prácticas por fuera de los cánones establecidos, quien merodea por los márgenes de la incoherencia, el "enajenado", el que no responde con conductas previsibles y según lo esperable.

Ahora bien, para señalar a aquellos que se encuentran "desviados" de la supuesta corrección, los sujetos han de verse comparados con los dictámenes instituidos al respecto de cómo debe uno comportarse en determinadas circunstancias, qué se debe decir y cómo, de qué forma hay que reaccionar ante determinados estímulos, y otros.

Así pues, podemos claramente diferenciar las conductas "normales" de las "anormales", pero ¿por qué lo "normal" es llamado así? ¿Es una cuestión natural o se debe a la cuestión probabilística de la mayoría?

Es en este punto donde el filósofo francés Michel Foucault hace hincapié cuando estudia e investiga a la locura como concepto desarrollado en la historia.

Lo que encuentra este autor es que este término ha funcionado (y posiblemente lo siga haciendo) como un método de exclusión de las personas, ya que a través de la imposición por parte del poder de los parámetros de la supuesta normalidad, se pretende quitar la voz a aquellos que se muestran como diferentes, transformándose así el hospital psiquiátrico en un ente homogeneizador tanto como la cárcel o la escuela: si no se lo puede adaptar a lo que la sociedad dicta, se lo encierra, se lo excluye.

¿Cuántas veces acaso hemos denostado las ideas de los otros con la frase "vos estás loco"? Cuando se acusa al otro de demente, no se hace más que aceptar que uno está en el camino de la verdad, de la coherencia, del deber ser. Pero, una vez más, ¿desde dónde dictaminamos esta situación? ¿Cómo sabemos que los "locos" no somos nosotros?

Desde la psiquiatría se recurre para resolver esta pregunta a la normalidad estadística, es decir, a ciertos valores provenientes de diversas investigaciones que, comparativamente, van determinando los parámetros dentro de los cuales deben desenvolverse los "sanos".

Quizás, en el plano de esta disciplina esos datos puedan ser en mayor o menor medida útiles para abordar la salud mental, pero esto no significa que en una dimensión social más global, al señalado como "demente" no se lo trate como un ser inferior, casi deshumanizado, al que históricamente se le ha administrado toda clase de torturas para que confiese su locura y así recobre la salud; tal vez hoy el shock eléctrico esté demodé, pero el cóctel de drogas sedantes está a la orden del día.

En consecuencia, cuando la sociedad lee las noticias sobre el brote psicótico de Matías Alé reacciona inevitablemente; muchos para el lado de la sorna, algunos con desconfianza y otros con la mirada prejuiciosa heredada de la sociedad occidental que ha visto siempre en el loco a un ser inferior, carente de sentido y, lo que más rechazo ha generado, capaz de enunciar las verdades más duras y directas sin ningún remordimiento.

Pero quizás, más allá de este episodio puntual o de las cuestiones inherentes a la salud mental, no habría que olvidar que la categoría de "locura" es una construcción social tendiente a buscar la dominación de las masas y el pensamiento único, aunque tal vez, el mero hecho de enunciar o sostener estas ideas ya nos incorporen al conjunto de los "locos".

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