La talibanización de las noticias y la mentira del ajuste

Sociedad

La pandemia llegó para poner en evidencia cómo funcionan las llamadas “fake news”, las cuales encuentran, en los significantes vacíos, el combustible para su circulación porque vienen a llenar lo desconocido con algo novedoso. Esos contenidos pseudoperiodísticos incluyen desde, el hecho de reproducir involuntariamente información que no es verdadera y divulgar informes que tienen una clara intencionalidad económica y/o política, hasta intentar instalar en la opinión pública, una visión radicalizada de sucesos inventados ¿Cuál es el objetivo? Creemos que el único propósito es dañar a una persona o grupo social, a través de una serie tácticas y estrategias que generan desequilibrio y desestabilización.

Las fake news se toman como ciertas, porque hay una ideología que las confirma, debido al contrato de lectura instalado que hay entre el medio que comunica y sus lectores, quienes lo aceptan y lo adoptan, otorgándole credibilidad. Los consumidores de las noticias son grandes filtros que seleccionan la información para que encaje en sus juicios previos, negando aquello que contradiga su idea del mundo y dándole rienda suelta a aquella información que concuerde con ésta. Por lo tanto, las modalidades que se usan y se reconocen como adecuadas y legítimas para dar la noticia, responden a una nueva visión del mundo, por lo que ese contrato se sustenta en una coincidencia ideológica.

Este fenómeno no es nuevo. Ya lo habíamos observado con la representación instalada de Sadam Husein a partir de la voladura de las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001. Desde el 2004, en adelante, diversos informes no han hecho más que desmentir los argumentos esgrimidos por el entonces presidente de los Estados Unidos, George Bush que justificaban la invasión a Irak. Las principales razones ―engañosas y falsas― que fueron refutadas se relacionaban a la presencia de armas de destrucción masiva en Irak, sus supuestos vínculos con la organización Al Qaeda y la implicación de los hechos que unían a Sadam Huseim con el atentado en el 11-S.

Todo era falso, sin embargo, en la posverdad la gente cree en lo que quiere creer. Todo indica que, ya no importa si lo que digan las corporaciones mediáticas sea cierto o no. Al parecer, lo único válido es que esa información ayude a corroborar lo que nosotros pensamos. Se trata de una sobreideologización, de l fanatismo ―como un talibán― que no solo no contempla las nuevas evidencias, sino que también, anula el diálogo frente el que piensa distinto. Resultado: perros rabiosos escupiendo espuma por la boca, como el perro de Pavlov.

La talibanización de las noticias son aquellas que, incluso siendo desmentidas, siguen circulando en el imaginario colectivo y en los medios de comunicación, porque su vínculo con el sujeto emisor no está dado por su veracidad, sino por el fundamentalismo de quien la reproduce. Un ejemplo de ello es lo que está ocurriendo con la mentira instalada de que el gobierno está ajustando, al recortar el gasto público, el IFE y las jubilaciones. Al respecto, cabe aclarar que, el presupuesto recientemente aprobado por la Cámara Baja, contempla una estabilización macroeconómica basada en la inversión pública como motor de desarrollo del mercado interno.

En el 2021, se duplicará la inversión real en infraestructura productiva y social respecto a 2019, a partir de una inversión proyectada en $835.000 millones o 2,2% del PBI. Se proyecta, además, un aumento del 160% en Innovación y Desarrollo; un 49% de Salud Pública y un 11% en Educación y Conectividad, respecto a las mismas áreas que el año pasado. Se resalta el incremento del 1.350 % de aumento previsto en inversión en Género y Diversidad. En resumen, las cifras del presupuesto del año próximo superan ampliamente las del 2019, cuando gobernaba la actual oposición.

Quienes antes denominaban el ajuste real del bolsillo de los argentinos y argentinas con conceptos como “sinceramiento de tarifas”, ahora se manifiestan en contra, con argumentos vacíos de contenido. Algo similar a lo que sucede con la realidad que muestran las grandes corporaciones mediáticas que defienden los intereses de unos pocos.

Para seguir ejemplificando sobre este tema, pensemos en otra campaña significativa: la referida al aporte solidario de las grandes fortunas. Durante la histórica jornada legislativa del 17 de noviembre se discutió la ley que lo reglamenta. Lamentablemente, hemos sido testigos de opiniones poco sólidas, basadas en fake news, por parte de diputados de la oposición. Incluso, desde la cuenta oficial de Twitter de Cambiemos, se compartió con orgullo, lo que para el común de la sociedad es un simple meme: la imagen de la pirámide que muestra que el 46% de la cámara defiende al 0.02% de la población. Esto deja en evidencia, ni más ni menos que sus intereses son de negocio.

Ahora bien, un dato indiscutible es que hace más de 100 años que no se vivía una pandemia de las características que presenta la del COVID-19 en la actualidad. Nunca se atravesó una emergencia de estas dimensiones a nivel mundial: grandes potencias han sufrido el colapso de su sistema de salud y han atravesado una profunda crisis económica que les llevará años remontar. Asimismo, también se visibiliza una desigualdad que asusta. Por lo tanto, es urgente dejar de argumentar con falacias y empezar a tomar medidas que den, fehacientemente, respuesta a los sectores más vulnerables.

Al parecer, los discursos del odio, cada vez pisan más fuerte, relativizando de esta manera, los problemas reales de la sociedad y desvirtuando el verdadero debate que se debe dar. Es así que, en lugar de discutir ideas y propuestas, se termina cayendo en un círculo vicioso, donde reina la violencia. En conclusión, creemos que es hora de que abramos los ojos y que empecemos a poner en tela de juicio lo que nos dicen los medios masivos o aquello que leemos en las redes sociales. No caigamos en la trampa y saquémosle las caretas a los mentirosos, manipuladores y odiadores.

Por Mauro Brissio, Leticia Cocuzza, Damián Cinquemani, Carla Akiki y Federico Quiroga Veloso. Son integrantes del Grupo Artigas.