¿Vidas paralelas? Enterate de las coincidencias en la vida de María Luján Telpuk y Christine Keeler...

Sociedad

*Ambas mujeres tuvieron diferentes profesiones. Pero un toque mágico del destino las catapultó de una existencia monótona y aburrida a la pasarela mediática y a su consecuencia más inmediata: pasar por caja asiduamente.

No debe haber sido muy divertido el trabajo de María Luján Telpuk como policía aeronáutico, mucho menos a la madrugada viendo bajar pasajeros de vuelos privados first class a los que hay que fisgonearles los equipajes como el peor de lo buchones.



Tampoco era muy divertida la vida de la joven prostituta británica Christine Keeler hace cuatro décadas y media... También fue una noche húmeda y desapacible en 1961 cuando una amiga (Mandy Rice-Davis) la llamó para acompañar a un personaje del cual solo conocía su nombre, John. Keeler se disculpó, no estaba con ganas de trabajar pero la insistencia de Mandy  la convenció de mala gana.



El enigmático John -después se supo- fue John Profumo,  Ministro de Defensa de Inglaterra. Y  justo su nueva compañera también era la prostituta favorita del agregado naval soviético Eugene Ivanov,  y allí se forjó el más grande escándalo sexual de la guerra fría, conocido como “el caso Profumo”.

Maria Lujan Telpuk (si es cierta la historia de que estaba “casualmente” esa madrugada junto al scanner del Aeroparque) también bostezaba aburrida cuando se le cruzó ese personaje con apellido de salchicha y estampa de tipo recién salido de un comic,  un tal Antonini Wilson,  a quien la historia recordará como “el valijero”.  Y en un abrir y cerrar de valijas se le abrió la Caja de Pandora: tapa de Play Boy, lolas nuevas, un viaje a Miami, la prensa internacional a sus pies y la inquietante morocha recibiendo contratos para desfiles bien rentados... La piba de la valija empezó a ver dinero del bueno –como el que había en la valija de Wilson-, pero esta vez plata propia y para su cuenta bancaria.

Christine Keeler se acostaba con un soviético sospechoso de espiar en la Inglaterra puritana de la guerra fría y justo comenzó a hacerlo con el Ministro de Guerra. El servicio de inteligencia británico (MI-5, el padre del buen espionaje moderno) creyó ver una conspiración detrás de ese trío sexual e interrogó hasta el hartazgo a la joven prostituta. A todo eso, John Profumo renunció a su cargo en 1963  y se mantuvo en el ostracismo haciendo obras altruistas hasta fallecer en el 2006 a los 91 años.



La Keeler salió legalmente indemne de los interrogatorios y su figura misteriosa comenzó a ser fogoneada por la prensa. La chica creció de golpe y comenzó a cobrar fortunas por los reportajes periodísticos. Así fue que los diarios se vendían como pan caliente cada vez que entrevistaban a la mujer. Los interviews y los libros sobre su vida se sucedían sin parar mientras Christine Keeler abultaba su cuenta bancaria y en apariencia dejaba atrás su antigua profesión.

Algo parecido ocurrió con Maria Lujan Telpuk. Sentada por agentes del FBI en una oficina intimidatoria, prometiéndole las luces de Hollywood y la alfombra roja si daba la versión que los muchachos de negro querían que diese sobre Wilson, los interrogatorios a que fue sometida acrecentaron su estampa misteriosa y a su regreso porteño los desfiles escasos de ropas se empezaron a cotizar como nunca antes imaginó en su vida.



Nada más erotizante que las fantasías que despierta una mujer joven, bonita y audaz,  entrelazada en casos como el “valijagate”, interrogada por agentes del FBI,  que ya posó desnuda en la mítica Play Boy y que sigue siendo la fundadora de la gran pesadilla internacional que desvela el sueño  kirchnerista.

Christine Keeler se hizo con el tiempo más popular que el mismísimo Ministro John Profumo, igual que puede ocurrir con la Telpuk, con quien todos –hombres y mujeres- se ratonean y esperan ver hasta dónde llega su avidez por fama y dinero, mientras caen en el olvido la figura –por cierto olvidable- del Señor Wilson, de Claudio Uberti y demás personajes de este sainete criollo (Enrique Pinti dixit).


Algún chimento escuchado en Miami sostiene que habría una oferta millonaria de una productora porno yanky interesada en llevar a la Telpuk a las arenas donde hicieron fortunas otras chicas con menos historia que la ex Policía Aeronáutica.



Deberá apurarse a facturar todo cuanto pueda, porque la crueldad del paso del tiempo es infalible en estos casos.  Christine Keeler estuvo en el candelero internacional unos pocos años y eso le alcanzó para vivir con holgura el resto de sus días. La ex prostituta estaba supervisando hace un par de años –cuando recién había cumplido los 64- el guión de un musical llamado “Una chica moderna”, que estaría subiendo a la cartelera londinense antes de fin de año.



Que la Telpuk esté en algún cartel teatral del verano es casi una fija. Igual que de Christine Keller habrá una autobiografía antes de las próximas elecciones y hasta quizás cuente algunos entretelones del valijagate que ahora guarda bajo siete llaves. Hasta el mínimo detalle de aquel incidente será buen motivo para facturar.

Vidas paralelas, historias que se repiten en la historia y de la cual el común de los mortales somos meros espectadores.

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