Un flashback: la avivada táctica de Lionel Messi que evitó la eliminación de Argentina
El capitán estaba teniendo su peor partido del Mundial, con un penal errado y completamente neutralizado por Egipto. Pero una decisión propia cambió el encuentro en cinco minutos y encaminó la remontada histórica.
Lionel Messi y una genialidad táctica para destrabar a Egipto
Hay una frase que se repite desde hace casi dos décadas alrededor de Lionel Messi: cuando el partido se rompe, él siempre encuentra una puerta que nadie más ve. Contra Egipto, esa puerta no fue un pase imposible ni una gambeta de otro planeta. Fue mucho más simple. Y justamente por eso, mucho más brillante.
Argentina estaba al borde del nocaut. Perdía 2-0, el reloj avanzaba y la Selección chocaba una y otra vez contra un bloque defensivo egipcio que parecía inexpugnable. Para colmo, Messi atravesaba probablemente su peor actuación en lo que iba del Mundial: había fallado un penal, estaba rodeado cada vez que recibía y jamás había conseguido poner en aprietos el plan del rival.
Entonces hizo algo que, en apariencia, era apenas un movimiento más dentro del campo. En realidad, fue un jaque táctico.
El capitán dejó de jugar donde había jugado durante toda la Copa del Mundo y se mudó a la banda derecha. Un auténtico flashback. Volvió a ser aquel extremo que deslumbró en sus primeros años en el Barcelona, antes de que Pep Guardiola lo transformara en el falso nueve más influyente de la historia del fútbol.
Ese simple cambio desarmó todo el entramado defensivo de Egipto.
Los centrales dejaron de tener una referencia fija, el lateral ya no sabía si salir o esperar y comenzaron a aparecer espacios que durante más de una hora habían permanecido cerrados. Lo que había sido un rompecabezas para Argentina pasó a convertirse en un problema para los africanos.
La transformación fue inmediata.
En apenas cinco minutos, Messi fabricó la remontada. Primero metió un centro perfecto para la aparición de Cristian Cuti Romero, que ganó de arriba para descontar. Después leyó antes que nadie una sucesión de rebotes dentro del área y apareció completamente libre para el 2-2.
No fue casualidad. Tampoco inspiración pura. Fue lectura del juego.
Con el empate, Egipto perdió la serenidad. El partido dejó de jugarse donde los egipcios querían y empezó a disputarse en el terreno que más le convenía a Argentina: el del ida y vuelta, los espacios y las transiciones rápidas.
Y ahí ya era demasiado tarde para contener al campeón del mundo.
La contra encabezada por Lautaro Martínez y definida por Enzo Fernández selló el 3-2 definitivo y una clasificación que durante largos pasajes del encuentro parecía escaparse de las manos.
Las estadísticas dirán que Messi dio una asistencia y convirtió un gol. El resultado contará que Argentina remontó un 0-2 para meterse en los cuartos de final.
Pero el verdadero punto de quiebre fue otro. Estuvo en esa decisión casi imperceptible de correrse unos metros hacia la derecha. Un movimiento que pareció pequeño, pero que terminó siendo gigantesco.
Porque cuando el fútbol se convierte en un problema de ajedrez, Messi suele jugar dos o tres movidas antes que el resto.
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