La toma de escuelas de unos pocos conservadores
Esta minoría militante, que hace caso omiso a la decisión de las asambleas, sólo se aferra a la defensa de lo existente. ¿No hay cuestionamientos de fondo? ¿La educación está tan bien que lo importante es que quede igual? Si los borradores de reforma educativa de la Ciudad son considerados malos o insuficientes, ¿no debería la militancia juvenil estar reclamando y proponiendo con movilizaciones una reforma de avanzada? ¿Cómo es posible que no estén corriendo por izquierda al gobierno Nacional y al de la Ciudad con propuestas de reformas profundas?
Por eso, hoy la toma de colegios secundarios que quita días y horas de aprendizaje queda reducida a una conducta destructiva y autoritaria. Mucho más, si se esgrime recurrentemente como el primer recurso ante cualquier diferencia con la política educativa.
Cargados de prejuicios ideológicos, incapaces de analizar la propuesta concreta de reforma ni de proponer modificaciones, alejándose de la perspectiva renovadora y global de la generación digital y tecnológica a la que pertenecen, el sector del activismo estudiantil que impulsa la toma de colegios no nos está augurando avances culturales y democráticos en los futuros adultos.
Los alumnos repitentes aumentaron de 2000 a 2012 de 12,8% al 18% en el sector estatal y de 2,5% al 3,6% en el privado, mientras que la sobre edad pasó del 13,9 al 15,9 en las escuelas privadas y del 46,5 al 48,1 en las estatales. Cerca de la mitad de los alumnos que concurre a escuelas estatales tiene más edad que la correspondiente a su curso escolar.
Es una manifestación de rebeldía, sí, pero no de cambio. Este puñado de estudiantes se rebela contra una propuesta de reforma del modelo educativo secundario pergeñado hace un siglo, desnudando así la bancarrota ideológica de los adultos que estimulan tamaña prepotencia entre sus militantes adolescentes, y paradójicamente mostrándonos una medida del fracaso de la escuela secundaria para formar ciudadanos críticos y autónomos.
El colegio secundario se ha estancado y requiere de una reforma que actualice contenidos. Además, la educación media debe recuperar los niveles de exigencia perdidos para que tenga sentido inclusivo su obligatoriedad. Todos podemos participar del debate sobre la reforma escolar sin perder ningún día de clases y sin prepotencia.
Apoyo y sostengo la propuesta de cambios del Consejo Económico y Social, con sus 19 pilares de una escuela inclusiva y de calidad, actualizada y moderna. He sido parte del debate y deseo que la escuela se reforme con esos pilares.
*Sergio Abrevaya es presidente del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires-http://www.consejo.gob.ar/educacion/Default.aspx
Temas
Las Más Leídas





Dejá tu comentario