La toma de escuelas de unos pocos conservadores

Política

Escribe Sergio Abrevaya (*)

En cualquier conflicto la toma de un establecimiento es una medida extrema, que, se supone, sucede luego del fracaso de todas las instancias del diálogo y negociación. Muy atrás quedó el aprendizaje democrático estudiantil de los '80, y más lejos aún el contexto intolerante de los '70.

Las tomas han sido minoritarias pero sobretodo, no han planteado una reforma al sistema educativo, sino solamente la conservación en la ciudad de Orientaciones que siempre ha tenido, frente a la dificultad de sostenerlas en el Consejo Federal de Educación.

Mantener las orientaciones que la ciudad concibió como fortalezas durante décadas demuestra la acertada decisión en los '90 de no adherir a la Ley Federal del menemismo, que destruyó las escuelas técnicas y otras vocaciones en esa década a lo largo del país. En esa época la educación todavía estaba muy bien en la ciudad.

Hoy también vale la pena sostenerlas como una fortaleza, al igual que las escuelas técnicas, frente a un Consejo Federal de Educación que no las termina de aprobar. Las escuelas técnicas de la Ciudad, como las demás orientaciones son un punto de partida irrenunciable de una nueva escuela porque son adecuadas, justamente por su capacidad de conectarse con el mundo del trabajo y real. Pero lo mismo no ocurre con los viejos bachilleratos.

Pero esa es una parte de la historia, desde lo pedagógico hasta los contenidos la educación necesita una reforma urgente. Sin embargo las tomas no proponen una reforma, como otrora la juventud en 1918 lo hiciera con la universidad retrógrada.

Esta minoría militante, que hace caso omiso a la decisión de las asambleas, sólo se aferra a la defensa de lo existente. ¿No hay cuestionamientos de fondo? ¿La educación está tan bien que lo importante es que quede igual? Si los borradores de reforma educativa de la Ciudad son considerados malos o insuficientes, ¿no debería la militancia juvenil estar reclamando y proponiendo con movilizaciones una reforma de avanzada? ¿Cómo es posible que no estén corriendo por izquierda al gobierno Nacional y al de la Ciudad con propuestas de reformas profundas?

Por eso, hoy la toma de colegios secundarios que quita días y horas de aprendizaje queda reducida a una conducta destructiva y autoritaria. Mucho más, si se esgrime recurrentemente como el primer recurso ante cualquier diferencia con la política educativa.

Cargados de prejuicios ideológicos, incapaces de analizar la propuesta concreta de reforma ni de proponer modificaciones, alejándose de la perspectiva renovadora y global de la generación digital y tecnológica a la que pertenecen, el sector del activismo estudiantil que impulsa la toma de colegios no nos está augurando avances culturales y democráticos en los futuros adultos.

Los alumnos repitentes aumentaron de 2000 a 2012 de 12,8% al 18% en el sector estatal y de 2,5% al 3,6% en el privado, mientras que la sobre edad pasó del 13,9 al 15,9 en las escuelas privadas y del 46,5 al 48,1 en las estatales. Cerca de la mitad de los alumnos que concurre a escuelas estatales tiene más edad que la correspondiente a su curso escolar.

Es una manifestación de rebeldía, sí, pero no de cambio. Este puñado de estudiantes se rebela contra una propuesta de reforma del modelo educativo secundario pergeñado hace un siglo, desnudando así la bancarrota ideológica de los adultos que estimulan tamaña prepotencia entre sus militantes adolescentes, y paradójicamente mostrándonos una medida del fracaso de la escuela secundaria para formar ciudadanos críticos y autónomos.

El colegio secundario se ha estancado y requiere de una reforma que actualice contenidos. Además, la educación media debe recuperar los niveles de exigencia perdidos para que tenga sentido inclusivo su obligatoriedad. Todos podemos participar del debate sobre la reforma escolar sin perder ningún día de clases y sin prepotencia.

Apoyo y sostengo la propuesta de cambios del Consejo Económico y Social, con sus 19 pilares de una escuela inclusiva y de calidad, actualizada y moderna. He sido parte del debate y deseo que la escuela se reforme con esos pilares.
 
*Sergio Abrevaya es presidente del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires-http://www.consejo.gob.ar/educacion/Default.aspx


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