Caso Norita – Caso Cabezas: historias de FBI y "perejiles"

Sociedad


  • Errores y horrores sobrevuelan, con casi diez años de diferencia, los juicios por los crímenes del periodista gráfico José Luis Cabezas y el de Nora Dalmasso. 
  • Tres puntos concretos asemejan los homicidios que, a la distancia, podrían tener más coincidencias de lo que muchos creen.

¿Trabaja con lentitud el laboratorio forense del FBI que aún no terminan de analizar los restos que pudieran encontrarse en el cuerpo de Nora Dalmasso?



Un ejemplo apasionante que muestra la velocidad con que proceden los forenses yankies. Hace unos pocos años, en New York,  un hombre adinerado llevó a su residencia a una prostituta de lujo. La mujer lo acuchilló llevándose una fuerte suma de dinero y no dejando, aparentemente, testigos en el camino. Sin embargo, un beso y la huella del lápiz labial fueron suficiente para que en un poco mas de 24 horas, los peritos forenses determinaran tres instancias fundamentales para la resolución del homicidio.


 


Primero, el patrón genético de la mujer. Segundo, que consumía marihuana en exceso (un rasgo poco habitual en ciertos niveles de prostitución de acuerdo a las estadísticas en la ciudad donde ocurrio el crimen) y tercero,  del rouge de la mujeres se detectó que ingería un medicamento solo vendible bajo receta archivada. Ir a los laboratorios medicinales que producían esa droga y dar con la homicida fue cuestión de días. En el caso de Norita, la presunta pesquisa forense del FBI lleva casi siete meses.


 


Gastón Zárate fue el primer perejil en la investigación del crimen de Nora Dalmasso. Después lo fue Facundo Macarrón sin que se desprocese al albañil Zárate.     

En Río Cuarto se dice que aún no hay novedades acerca de los análisis enviados al FBI. Y si los llegara a haber, no servirían judicialmente si antes de enviarlos no se hubieran realizado las correspondientes contrapruebas. El destino fatídico de Jose Luis Cabezas y Nora Dalmasso puso en escena a un actor inesperado como son los forenses norteamericanos. Optimismo y expectativa que quizás engañen a los atribulados argentinos por última vez, es de esperar, en la historia policial del país.

La “perejileada”. Cuando la sociedad pedía alguna respuesta sobre el crimen de Cabezas, una complicidad entre los actores de la investigación hizo inculpar del crímen a una serie de personajes a los que se dio en llamar “los pepitos”.



La cabeza de la supuesta banda era una mujer de armas llevar, Margarita Di Tullio, conocida como “Pepita la pistolera”. La mayoría de los acusados por el horrendo crimen tenían antecedentes penales, salvo dos que eran simples amigos o comerciantes allegados a los procesados “pepitos”. Margarita Di Tullio regenteaba prostibulos en las cercanías del puerto marplatense y estaba vinculada al negocio de la droga.



Carlos Redruello era un informante policial (“buche”, en la jerga delictiva) a quien se utilizó para acusar a un grupo de personas a favor de desviar la investigación de su cauce correcto.  Después terminó por desdecirse de sus acusaciones iniciales y “los pepitos” pasaron varios meses en cárcel antes de comprobarse su inocencia alrededor del asesinato del fotógrafo.

Gastón Zárate fue el primer perejil en la investigación del crimen de Nora Dalmasso. Después lo fue Facundo Macarrón sin que se desprocese al albañil Zárate. Ahora parece que el fiscal Di Santo vá por el abuelito Macarrón sin desandar el camino de acusaciones iniciales.



El mismo bochorno jurídico que acompañó los inicios del caso Cabezas siguen presente alrededor de la muerte de la infortunada mujer. En lugar de verse una luz de esperanza para determinar quien asesinó a Norita, el camino de la investigación oscurece a medida que avanza el tiempo. ¿Cuántos perejiles mas deberán quedar en el camino antes de llegar al culpable del crimen?



Diez años pasaron desde la muerte de Cabezas y los asesinos -al menos la banda de Los Horneros- ya están en libertad.



Los asesinos de Norita también.

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