Cierra El Álamo, uno de los bares que marcó una época en la noche porteña: hasta cuándo se puede visitar
El anunció sonó como la última campanada antes de que cierre la barra y los parroquianos ya están avisados de los eventos antes del adiós definitivo.
Los dueños de El Álamo anunciaron este jueves el cierre de su sucursal de Palermo, que se convirtió en uno de los bares más icónicos de las primeras décadas del siglo XXI en la Ciudad de Buenos Aires junto con la casa central, en Recoleta, lo que es una prueba más de que la gastronomía es una de las grandes perdedoras frente a la crisis en el consumo.
Entre las dos sucursales nunca hubo pica, por así decirlo, porque a través de los años construyeron su propio perfil y clientela, un amable rejunte de gringos, criollos, lugareños e inmigrantes. Un Spanglish ahogado en rock y cerveza tirada que marcó una era en la noche porteña y que en julio llega a su fin, al menos en el caso de la sucursal en Córdoba 5267.
"Cerramos las puertas de nuestro local en Palermo. Gracias a todos nuestros clientes por estos casi 14 años con nosotros. Julio es el ultimo mes de El Alamo, El Templo para muchos, los esperamos estos últimos findes para que vengan a pasar una buena noche y despedirse de el lugar que les regalo tantos momentos", escribieron los encargados del local.
Todavía quedará El Álamo de Uruguay 1175, en Recoleta, pero el de Palermo tendrá su "last call" el sábado 25 de julio. Antes que eso ocurra, y porque las anécdotas son parte del folklore, el bar de Palermo tendrá un evento este viernes, por el partido de la Selección contra Cabo Verde, en el que podrían volver a salir "los prohibidos" y la cerveza "picante".
"Te amaré por siempre alamuki te saluda la camada 2015", escribió alguien, a lo que otra persona reconoció que "no se pueden contar las anecdotas me cierran Instagram".
"¿Cerraron El Bosque, Pinar de Rocha y ahora esto? Gracias Álamo, me diste grandes noches con tu cerveza que no se que tenia que te picaba x5", expresó una seguidora, mientras otro hizo notar que en ese local vivió "noches tan inolvidables que la jarra de cerveza te hacían olvidar".
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