La tercera en discordia: cuando la mujer acepta ser “la otra”
- El hecho de no compartir la cotidianeidad con los hombres en discordia, hace que todo parezca ideal y que el vínculo de amantes perdure por años en más de un caso.
- Una psicóloga especialista en pareja y ellas mismas opinan al respecto.
La tercera no es la vencida. Para esta nota será la mujer que acepta mantener bajo las sombras una relación amorosa con un hombre que está casado, de novio o en pareja. Con ustedes: las amantes.
Es que el hecho de ser la amante, no necesariamente se relaciona con la falta de afecto. Por el contrario, según Gastaldi, muchas veces son relaciones sumamente fuertes y perduran a través de los años.
La adrenalina de lo escondido
La aventura y el espacio de lo condicional hacen que la atracción se vigorice. Tal como explicó la especialista en pareja, la condición genera el deseo y eso fortalece el vínculo. Así es como se prioriza desde la calidad de la sexualidad hasta la vestimenta elegida para la ocasión. “Las partes negativas de las persona quedan cubiertas por ese espacio de tiempo limitado”, afirmó la psicóloga a minutouno.com.
En el blog “El club de las amantes”, hay una frase que resume la idea: “Por nosotras y para nosotras, las felices poseedoras de lo mejor de ellos”.
"Siempre la pasé muy bien con él. Me inspiraba ternura, ganas de contenerlo y mimarlo. Todas las veces que estuvimos juntos la pasamos muy bien, no sólo por el sexo, sino porque los dos nos sentimos muy cómodos a pesar de la relación jefe-empleada”, contó Vanesa sobre su aventura.
Un arma de doble filo
El problema de ser “la otra” y no la pareja estable se presenta cuando la amante comienza a padecer las despedidas y la espera para el siguiente encuentro.
Algo parecido le pasó a María Fernanda Rodríguez (21). Su historia comienza en diciembre de 2005 cuando conoce en un boliche de la zona oeste a Diego. En ese momento, él le dijo que era separado y tenía un hijo. Ella sabía que tenía idas y vueltas con su ex pareja pero aceptó el hueco que el joven le hacía una vez por semana. “Me banqué todas. Ya no encontraba forma para demostrarle mi amor y que daba todo para hacerlo feliz”, comentó la chica.
En octubre de 2006, nada había cambiado y ella se propuso ponerle un fin. Al cabo de 15 días, se enteró que él tenía pareja nueva y que esperaba su segundo hijo. Esa fue la gota que le faltaba a María para cortar definitivamente con esa relación. Pero lo que empezó como un juego le valió más de un año de angustia y llanto.
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