#FilosofíaAplicada Abzurdah adolescencia
Ante la falsa idea de que sólo nos atraen los "cuentos de hadas" el reciente film argentino "Abzurdah" nos enfrenta ante una búsqueda existencial que al parecer todos los seres humanos llevamos adelante en nuestras vidas y que no sólo se reduce a una cuestión romántica, sino que atañe a cuestiones inherentes al sentido de vivir. Por ello ¿qué puede tener de exitoso una película que muestra una adolescente sufriente, que vaga entre la angustia y el sinsentido y que manifiesta su dolor a través la anorexia?
Ante la falsa idea de que sólo nos atraen los "cuentos de hadas" el reciente film argentino "Abzurdah" nos enfrenta ante una búsqueda existencial que al parecer todos los seres humanos llevamos adelante en nuestras vidas y que no sólo se reduce a una cuestión romántica, sino que atañe a cuestiones inherentes al sentido de vivir. Por ello ¿qué puede tener de exitoso una película que muestra una adolescente sufriente, que vaga entre la angustia y el sinsentido y que manifiesta su dolor a través la anorexia?
Podemos definir a "adolecer" como un padecimiento, enfermedad o sufrimiento por alguna dolencia; es decir, se puede observar que es una palabra que refiere a cuestiones negativas para nuestra existencia y que cuando la experimentamos deseamos que desaparezca. Ahora bien, ¿por qué la etapa de la pubertad también puede llamarse "adolescencia"? ¿Es que acaso se está sufriendo por algo?
Más allá de los cambios físicos, sin duda que esta etapa del desarrollo humano conlleva múltiples problemáticas concernientes al acto de abandonar la niñez y emerger hacia la adultez, caracterizada principalmente por ser aquella dimensión en donde las personas se transforman en responsables de sí mismas. Este paso viene acompañado con la caída de múltiples paradigmas y el surgimiento de otros nuevos, como el rol que se le otorga a las amistades y las relaciones afectivas que se empiezan a tejer con miembros extra-familiares.
Enclavada en este contexto, la película basada en el libro de Cielo Latini busca manifestar estas vivencias desde un personaje que más que sufrir por un amor no correspondido, sufre por una búsqueda existencial de sentido. ¿Qué significa esto? En la adolescencia comienza a aparecer con más fuerza que nunca la pregunta por el sentido de la vida, por el futuro y por la muerte. Madurar no es sólo hacerse cargo de sí, si no también empezar a percibir nuestra angustia existencial, caracterizada por Sören Kierkegaard como el "miedo a la nada" ¿Nada? ¿Qué "nada"? Nada tiene sentido, vivimos, morimos, comemos, nos alegramos, nos entristecemos, respiramos, amamos... todo para nada, no sabemos la finalidad última de todo ello, o al menos no está definido y comprobado empíricamente; en definitiva nos percatamos de que somos para la muerte.
Para mitigar esta angustia encontramos en el amor de pareja, en las amistades, en la contención afectiva o en la rebelión elementos que nos den un poco de sentido, que se nos presenten como un ancla para fijar nuestra realidad. Al quebrarse algunas de estos elementos, cuando la contención afectiva está ausente y cuando la rebelión ante el mundo que se nos impone cae bajo su peso, emergen los conflictos suscitados por el vacío de sentido.
¿Por qué existe la anorexia? Porque el estereotipo de belleza imperante es tan fuerte, tan masivo y penetrante, que se pierde la noción de sí mismo, hasta dejarse invadir por un vacío, por un sinsentido atroz que intentamos despejar vagamente construyendo una figura irreal... "si soy flaca me va a amar".
Pensada para la comercialización, escrita para ser best seller, influido su éxito tal vez por la pertenencia de la protagonista a un sector socio-económico alto, lo cierto es que en lo profundo de la obra se pueden encontrar destellos de una búsqueda existencial que despierta empatía en todo un sector joven de la sociedad que se ve interpelado por la aparición de lo absurdo. ¿Qué es lo absurdo? Vivir para morir, que todo acabe, que el presente sea inasible, que los buenos momentos sean efímeros, que el amor no sea eterno. Viktor Frankl sostenía que la mejor terapia, la mejor forma de encontrar una solución a nuestro vacío existencial era encontrar el sentido de nuestra vida, el para qué vivimos o para qué queremos vivir.
Porque en definitiva, podemos aceptar lo absurdo pero no podemos convivir con ello. Albert Camus sostenía que este era el gran error de nuestra sociedad; querer huir de lo absurdo, sea como sea, así sea acudiendo al suicidio, cuando lo que deberíamos hacer es vivir con él, saber que no va a desaparecer. ¿Tiene razón Camus? Quizás por más que la tenga, no estaremos muy dispuestos a concedérsela, ya que a fin de cuentas aborrecemos el sinsentido y en cada acto propio pretendemos erradicarlo.
En esto tal vez se base nuestra vida, en ir buscando los por qué y para qué del mundo que nos rodea y en saber detener a tiempo las agresiones que este nos profesa en diversas circunstancias para así evitar que el vacío nos carcoma y nos lleve a nuestra propia destrucción física, mental y espiritual aunque tengamos que conceder que siempre va a persistir en nosotros una pequeña dimensión que no podemos catalogar más que como "absurda".
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