#FilosofiaAplicada Vida bifurcada

Sociedad

El escenario de balotaje que se vive en estos días nos enfrenta a una vieja disputa del ser humano: la lucha entre pares opuestos. Así pues, ¿cómo pensar la decisión entre dos opciones antagónicas? ¿Debe la vida resumirse en las dicotomías? ¿Podemos trascender las bifurcaciones?

Hace ya muchos años el filósofo griego Heráclito de Éfeso sostuvo con fervor la siguiente idea: la vida no es más que la armonía resultante de la lucha de opuestos. ¿Qué significa esto? Que para este pensador pares como "frío-calor", "seco-húmedo", "paz-guerra" o "bien-mal" están en constante pugna configurando una batalla que, a fin de cuentas, es lo que establece una existencia armónica, ya que la preponderancia de un solo elemento rompería con el equilibrio universal.

Así pues podríamos decir que el ser humano se ha acostumbrado a vivir atravesado constantemente por las dicotomías o los antagonismos: desde el primitivo de las cavernas que se debatía entre la "seguridad" e "inseguridad" hasta los filósofos griegos que hacían girar sus elucubraciones en torno al "ser" y el "no ser", lo "verdadero" y lo "falso". Incluso en nuestra propia vida podemos experimentar a diario esta lucha entre opuestos, amar u odiar a alguien cercano, actuar de la manera que se considera correcta o incorrecta, dejarse guiar por la razón o la emoción...

Ahora bien, la pregunta más profunda que podríamos hacernos en función de esta situación sería ¿es posible evitar las dicotomías? ¿Es todo lo que hay? Pareciera que a lo largo de la historia argentina no hemos hecho más que constituir antagonismos: seguidores de Saavedra-seguidores de Moreno, unitarios-federales, peronistas-radicales, menottistas-bilardistas y un largo etcétera más. En este sentido daría la sensación que el presente nos vuelve a poner frente a frente ante un par dicotómico del cual no podremos evadirnos: dos candidatos, dos ideologías para un solo puesto de poder.

En muchas situaciones desearíamos trascender los antagonismos para así evitar leer a la historia como la sucesión de las confrontaciones entre dos variables opuestas ya que, agudizando la mirada, las complejidades son profundas y los "grises" abundan entre el blanco y el negro. No obstante, más allá de vislumbrar una realidad multifacética más que bifronte, las duplas contrapuestas siguen interpelándonos, posibilitando la emergencia de una verdadera grieta que se manifiesta hoy por hoy en muchas de las conversaciones que establecemos, en las redes sociales y en cada ámbito en donde las personas puedan intercambiar su opinión.

Por todo ello podemos cuestionarnos lo siguiente: ¿la realidad es dicotómica y buscamos esconderla tras la multiplicidad o, por el contrario, es múltiple y buscamos simplificarla con los antagonismos? Tal vez nuestras propias experiencias nos den cuenta de que es la diversidad la que atraviesa la realidad y que pretender subsumirla a la lucha de pares opuestos es una simple ficción que no hace más que facilitarnos el abordaje de la misma.

Sin embargo nos vemos, una vez más, atravesados por una decisión nacional entre dos variables claramente reconocibles y, a priori, absolutamente distantes una de otra. Ante ello ¿qué hacer? ¿Cómo elegir ante ellas sin tener que recurrir al surgimiento de una brecha infranqueable dentro de nuestra sociedad? Paradójicamente, ante estas preguntas aparece una nueva dicotomía: "jugársela" o "ser tibio"; podemos elegir optar por alguna de estas opciones, haciéndonos cargo y responsabilizándonos de lo que ello implica o, por otro lado, podemos intentar evadirnos manteniéndonos al margen. ¿Pero esto significa "ser tibio", no animarse? Estarán quienes digan que sí y quienes sostengan que si no se ven representados por ninguna de las dos opciones no tienen por qué elegir uno u otro... Así es, una nueva dicotomía que nos atraviesa.

En consecuencia, ¿debemos sumergirnos en los antagonismos o intentar trascenderlos? Tal vez, aunque nos parezca ilógico, para esta pregunta no podamos tener respuestas certeras. Porque si trascender significa tener una mirada más amplia, abierta, reflexiva y con memoria esto no implica que no haya que tener esta actitud ante la toma de decisión del 22 de noviembre. En este caso, todo indicaría que lo que debemos hacer es meternos de lleno y hacernos cargo del poder que tenemos en nuestras manos para poder definir esta pugna presidencial pero ¿esto significa que debemos observar toda nuestra vida bajo una lógica binaria?

La respuesta una vez más nos conduce a una bifurcación, por ello quizás el desafío radique en entender que los pares son momentáneos y que la diversidad es permanente, pase lo que pase dentro de un par de semanas.

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